Monday, February 08, 2010

Peldaño de la resistencia

Mientras el mundo siga así no podré ser nunca feliz. Vivir o morir, así debe ser.

Tuesday, February 02, 2010

Purpura y Gris (inconcluso)

Escrito hace varios años



Anochecía y me desponía como siempre a mirar el correo, en espera de esa carta que nunca iba a llegar. Algo así como el coronel en el libro de García Márquez, solo que yo era más compulsivo en esa acción, razón por la cual revisaba diariamente el buzón. Esta vez, al igual que las otras, el mensaje azul en la pantalla aparecía burlonamente diciendo "no tiene ningún mensaje". Salí de allí con cierta melancolía y ya antes de acostarme eché un vistazo a una página de esas que dan la oportunidad de entablar una amistad: "por qué no?, igual no voy a pagar para conocer a alguien. Igual nadie me va a interesar". Terminé pagando la suscripción por una muchacha llamada M. Algunas palabras insulsas destacando mi estado anímico tan bajo fue lo que contenía el escrito que le envié; Un mensaje lanzado desde esa isla solitaria de mi existencia hacia un mar callado y quieto. Por fin, cansado de mirar nimiedades, decidí ir a mi lecho. No tenía ni la más mínima idea de que aquella noche sería la más larga de mi vida, de que nadaría durante un mes entre lagos oníricos donde rosotros incandescentes se avistarían como puntas de icebergs, donde subiría por escaleras infinitas, sin barrotes y oscuras, donde vería a mi amada fiel y bella recostada sobre mi pecho Suspira de esa forma, querida Dama, donde sería un poeta loco y suicida, donde el néctar de los dioses del Olimpo y la hierba sagrada de las deidades de los Incas serían la prueba más irrefutable de que el amor (y con e el miedo y la ansiedad) por fin me tocaría en todo su esplendor.
Como le decía, esas palabras fueron el inicio de sentir pues M. (a los que no entienden disculpas de antemano. Con M. hago referencia a M., mi amada) empezó a sumergirse en mis pesadillas, para hacer parte de todos esos lugares que sueño constantemente y que por esa razón los adjudico ya a mi realidad. Ahora, se preguntaran como vi la agitación de mi cuerpo siendo que uno mismo no se puede ver corporalmente. Yo tampoco lo se y me lo pregunto tanto que me enredo más. Pero vagamente le atribuyo a eso una especie de desdoblamiento que tuvo lugar en los momentos en mis brazos, mi cabez y mis piernas se contorneaban violentamente. Era como un escape que mi alma se obligaba a tener que hacer, quizá por el miedo a ser carbonizada por la pasión tan desgarradora que me cubría en algunos instantes. Solo se eso y ya no daré más explicaciones del hecho aún cuando quedo insatisfecho. Si siguen incrédulos pues tendrán que inventar alguna razón o bienl, estudiar alguna teoría neuronal. De esas hay muchas.
Después de que leí su mensaje que me había entregado un ser de rostro negro (casi como yo), mi corazón palpito anormalemente: era rápido, pero a los pocos segundos se paraba y solo volvía en si cuando releía la carta. Veía como de nuevo se perdía en la bruma y como yo iba chapoteando entre charcos negros para alcanzarla e indagarle su identidad, pero yo era lento y ella en cambio caminaba apresurada, como si tuviera que volver a un monasterio o convento. Todo ese tiempo (tiempo recóndito y eclipsado por la locura e irracionalidad de ese mundo) estuve esperándola. Recuerdo que bajaba por largas escaleras, que abría puertas de lugares donde había vivido, que caminaba bajo la lluvia y de repente un lago enorme me tragaba. Se que estuve quieto pero también se que caí de un edificio y de que un avión enorme me arrolló. Me encontraba de nuevo en la puerta de una casa gigante y ahí fue cuando llegó el hombre de rostro negro. Me dio una carta enorme, pesada, larga, que tuve que llevar en una carretilla a un jardín cercano. donde el olor a manzanilla impregnaba todos los rincones (¡no había rincones!) y todos los demás arbustos. La abrí lentamente, con las manos humedas y llenas de sangre. Terroríficamente me empecé a dar cuenta como me estaba cubriendo de sangre, de mi propia sangre lo más terrorífico era que la sangre no manchaba el papel. Así que sin pensarlo dos veces comencé a leer la carta. Fue algo precioso, algo que sabría describir porque tristemente ese don de la escritura no me fue dado, ni siquiera en los sueños. Soñe que era un poeta (sueño entre sueños) y le escribí algunas palabras, símbolos raros sobre hojas quebradizas, rotas. Sellé aquello con una hoja de un árbol de eucalipto y luego se lo di al cartero, que extrañamente siempre miraba al suelo.
-¿Quien eres? - me atrevi a preguntar.
-Soy tu siervo, señor. Vuestro siervo.
-¿Vuestro siervo? - pregunté estupidamente.
-De la Señora y de vos.
y se fue. No lo vi durante algunos días, tiempo en el que empecé a tomar un aspecto como de uva pasa, arrugado y más negro. Me limitaba a caminar encontrándome seguidamente con mis compañeros de colegio en situaciones extrañas, en lugares que yo conocía pero que al mismo tiempo desconocía, sintiéndome extraviado, como en una selva de recuerdos, humeda y perversa. De un momento a otro escuché su voz:
-¿Juan Miguel?
-M., ¿eres tu? - grité, notando como mi voz era irreconocible.
-Si, soy yo. ¿Duermes?
-No lo se. Tal vez, pero se que no.
-¿Cómo lo sabes?
No lo sabía. Ni siquiera sabía donde estaba y asi poco a poco me quedé mudo. Vi como mis dientes se desprendían y como mi lengua se iba enrollando tercamente a través de mi garganta. Traigo a la memoria aquel instante en que toda la gente que me acompañaba corría en desbandada dejando solo sombras que se reflejaban en el espejo negro que componía la tierra. mostrando un aspecto siniestro. demonios ciegos y ebrios.

Pensé tal vez que nunca me había llamado, porque como saber si aquella voz fuerte y dulce era de ella, y si era de ella, que motivaba a tener la ilusión de que no me estaba confundiendo. En esas estaba cuando pasó un tren viejo y ya destartalado. No llevaba pasajeros, solo se veían maniquíes asomados a la ventana mostrando una mueca de un encanto extraño aunque bien se notaba que aquello era solamente el resultado de la mano de alguien, que los había dispuesto de tal forma, para tentar a los que se amontanaban en la orilla de la carrilera. El maquinista (que parecía real) se desmontó y me mostró su largo rostro, cual hoja de árbol de antaño. Era de estatura baja, sus bigotes adornaban los dos centímetros de su boca, poseía un solo ojo y los brazos caían de forma desproporcionada a lado, lado y lado (¡tres brazos!) de su delgado cuerpo. Entre todo ese montón de gente tenía que ser el elegido, pues con cautela se dirigió hacia el lugar donde me había parqueado y metiendo la mano en uno de sus bosillos sacó una piedrecilla que me entregó.
-Es de parte de la Señora M.
La cogí y leí dos símbolos que se inscribían en el centro de la roca:"Soy yo". El maquinista se devolvió hacia uno de los vagones y desde allí me guiñó el ojo y en seguida arrancó. Todo el mundo se fue y quedé de nuevo mudo, observando los rieles que eran de un color perlado traslúcido que dejaba entrever unas pequeñas laminillas doradas salpicadas de fino polvo blanco.
Me pusé en camino hacia la puerta de la casa gigante donde siempre me esperaba el cartero anónimo . Pero en esa oscuridad tan densa tomé un camino equivocado y cuando me di cuenta ya era demasiado tarde.

Monday, January 25, 2010

Últimos consuelos...

Últimos consuelos...

Thursday, January 21, 2010

Una cuota del préstamo I

Gabriel Gómez, desempleado, auxiliar contable, tímido, noble, humilde y trabajador. No tiene dotes de empresario, pero aún así es responsable con lo que hace. Tiene sueños y muchos contradiciendo a aquellos que dicen que los únicos que tienen sueños son los empresarios y los generadores de una idea o negocio. Es la falacia más grande que se puedan haber inventado los cazadores de "exitosos".

Enrique Martínez, vecino de Gabriel, en realidad vecino solo porque es dueño del apartamento que queda al lado del que Gabriel toma en arriendo con la señora Hernández. Ese apartamento, el de Enrique, es uno de los quince apartamentos que tiene en arriendo, aunque podría sumarse también en el que el vive, pues paradójicamente no es del él, dice que es mucho más rentable tomar en arriendo un apartamento que comprar uno, y que ojalá ese apartamento no sea en un sector tan costoso, algo como de estrato cinco, para que los servicios llegan económicos.

Gabriel está desempleado desde hace poco más de seis meses, trabajaba en la misma empresa en donde labora Enrique, no lo vio jamás allí pues él, desde las 7 de la mañana que llegaba a la ofcina hasta las 6 de la tarde que salía, vivía entre torres de papeles y facturas que debía mecanografiar en el teclado del computador. Ya era un experto haciendo aquello, tenía contabilizado cuanto demoraba pasando una factura formato 385, que eran el 90 por ciento de sus trabajo, y los recibos 418,521 y 568 que eran el otro 10 por ciento.

Enrique es un Gerente de Proyectos, tiene 35 años, es guapo, usa perfume Hug Boss en especial Element y Dark Blue, pero a veces le gusta bañarse con la Paco Rabanne Black XS . Sus zapatos son semipuntudos, última tendencia, traídos directamente de Italia, Roma. Vestido y corbata Luigi y mancornas Mont Blanc. Impecable, huele extremadamente bien, llama tanto la atención que alguna vez un cliente,mujer, dueña de una empresa de diseño, le propuso que hiciera parte de los modelos de la última colección que ella había lanzado. Se negó en esa ocasión, aduciendo timidez, cuando en realidad su egocentrismo lo obligaba a negarse, para que pareciera humilde, sencillo, estrategia ésta que había aprendido de Sofía. En la noche del día de la propuesta ya tenía a la diseñadora de piernas abiertas en el Hotel Ático de Usaquén.


Wednesday, January 20, 2010

20-01-2010

Esta espera se vuelve tan angustiosa y larga como la del Coronel, esperando algunas letras, buscando por cualquier sitio, pero con la poca fortuna de encontrarlo. ¿que esperanza se puede tener cuando ya ella ha desistido de buscarme?

Wednesday, January 13, 2010

49 I

Recuerdo esa noche perfectamente, como pocas de esas en las que llegaba tarde a mi preciado sitio, casi de madrugada. Había salido de una tertulia a las que solía asistir una vez cada dos semanas, allí tomé algunas cervezas que complementé con tres tragos de tequila. Todo estaba tranquilo, en un ambiente relajado, intelectual, interesante diríase, la compañía era buena, los hablantes excelentes y el licor ya iniciaba su efecto. Fumé algunos cigarrilos y luego salimos como a eso de las 10 u 11 de la noche, no sin antes cortejar frente al dueño de la librería a su propia esposa, casi 20 años mayor que yo, pero que por su escote parecía que tuviera un par de tetas de adolescente de 18.

Los demás se iban a sus respectivas casas pues al otro día había que trabajar, cosa que para mi no era preocupación pues ya llevaba algo así como 4 meses desempleado. Pero cuando vieron mis intenciones estúpidas de seguir caminando por las calles oscuras de la macarena, me empujaron a la fuerza dentro de un taxi, junto a ellos. Allí nos vaciamos los úlitmos tragos de cerveza antes de que yo les dijera que me dejaran a unas cuantas cuadras de mi casa. "No pasa nada, estoy cerca". Me creyeron. Apenas se alejaron le saqué la mano a un taxi y sin pensarlo le dije, "A la 49 con 13 por favor". Se me hizo que el chofer me guiñó el ojo por el retrovisor y asi lo confirmé luego pues cuando le dije que solo tenia nueve mil pesos apagó el taxímetro y me dijo, no hay problema, con una sonrisita socarrona.

Llegamos en diez minutos, diez minutos cortos, teniendo en cuenta que iba demasiado excitado y alegre de poder volver a mis antiguos aposentos. Pagué, me bajé e inmediátamente me abordaron dos meseros. Estaban impecables, con sus trajes negros, de corte clásico, corbata oscura sobre la camisa blanca y zapatos negros bien lustrados. "Me pueden llamar a Aldemar por favor". Se resistían a mi pedido, me decían que ellos eran Aldemar, que me tenían una mesa muy comoda y privada y unas niñas envidiables. Todo era la propina. Aldemar llegó, me sonrió ampliamente, como dos viejos amigos, y con sus dos brazos despejó el camino de los imprudentes meseros tras lo cual me abrazó y me invitó a seguir a la zona exclusiva, una zona que yo ya conocía muy bien, pues él casi desde la segunda vez que fui, me ofreció de manera sencilla.

-A quién buscas en especial. ¿Samanta?

Samanta, una chica alta, de grandes senos y unas caderas inmensas, pelo liso negro hasta la cintura, rostro hermoso, de muñeca, de labios estridentes, ojos negros glotones, incitadores, fue la primera mujer que conocí allí. Esa noche también conocí a Aldemar y aunque no me invitó a la zona exlusiva si me llevó al segundo piso que estaba semivacío, y que gracias a mi generosa propina, complementó presentándome sendas mujeres, primero rubias y luego pelinegras, entre quienes estaba Samanta.

-No, hoy no. No se, llévame allí y ahí miramos -. Sonrió, ampliamente como siempre y seguimos en rumbo hacia el sótano, donde estaba la zona exclusiva, La Fonda.

En el océano de las desesperanzas

A veces las cartas parecen ser lanzadas como botellas al océano, con mensajes que el agua que se filtra borra, haciendo que su redacción tan sufrida y llena de esperanzas se convierta en una nada, en un papel manchado, y en ese orden, una acción que pierde todo su buen sentido.

Maldita Literatura

Literatura maldita, como una droga, como un vicio, me has aislado, ya no soy nadie, soy tan transparente como los que meten coca, gancha y heroina, estoy solo en esta sórdida vida, enganchado a mundos que no existem, enamorado de mujeres que son solo letras y palabras en ciudades invisibles, un estorbo en esta sociedad práctica.

Y como un vicio es imposible dejarte, como te odio pero te necesito, como transformaste un chico promisorio en un ser problemático, errabundo, sin sueños realizables, sin futuro, quejumbroso y pesimista.

Así como aquel que quería convertirse en alcohol yo querría convertirme en palabras, en uno de ellos que viera a Alejandra mirando desde su balcón o quizá ese otro que se confundiera entre las ramas del bosque. Pero no es así, tengo que vivir arrastrado en las calles del cartucho de los libros, arropado no por papel periódico sino por nombres de autores muertos y épocas lejanas e inalcanzables.

Monday, December 28, 2009

Trying your luck



Recordando cuando caminaba por el parque nacional antes de entrar a clase