Tuesday, February 21, 2017

El muro

A las 5:00 a.m. se levantaba todos los días Ernesto Gutiérrez. Tenía que llegar a las 7 a.m. a su trabajo que quedaba a unos 15 kms. de su casa, en el extremo occidental de la ciudad, por donde el río Bogotá pasaba entre lotes baldíos, dejando un olor nauseabundo e inmundo. Ya se había acostumbrado a ese olor y a veces pensaba que tal vez un día lo llegaría a extrañar. Como venía diciendo, a las 5 a.m. se paraba rápido de su cama, sin una pizca de pereza, se enjuagaba la cara, los brazos, el cuello y los hombros en el baño improvisado que había podido construir una semana atrás en una humilde casa que poco a poco había podido levantar hacía ya 10 años.  Primero empezó con una habitación, luego puso un mesón con un lavaplatos que le habían regalado, luego otra habitación para los niños  y así de ladrillo en ladrillo  y muy lentamente Ernesto tenía cuatro paredes, muy sencillas, muy diferentes a las paredes que veía en el sitio donde trabajaba, pero al fin y al cabo sus paredes.  Con él vivían sus 3 hijos, ya todos habían pasado la infancia que por lo demás no había sido sencilla, llena de necesidades, de discusiones, de carencias, de lágrimas saladas, muchas lágrimas saladas. Pero lo habían superado a punta de algo que ahora poco se ve, hallando en medio de temas  triviales, de trastos sin uso que a los ojos de muchos otros podrían ser solo basura, pequeñas cosas que los unían y les daban esperanza en medio de todos esos problemas, porque Ernesto tenía ese atributo que tan pocos seres humanos tienen, ese atributo que les permitía sonreír en medio de un barrizal, ver colores donde el hambre y la tristeza solo dejan negrura y oscuridad, proponer un juego cuando todos los juguetes estaban rotos o tal vez ni siquiera había. Tantas navidades así, tantos cumpleaños así, con una torta de 3000 pesos que él decoraba con baratijas y sobre la cual ponía cualquier cosa parecida a una vela para que sus hijos siempre tuvieran en la cabeza el recuerdo de que su padre no había olvidado las fiestas que para todos eran importantes. Pero no todos soportaron eso, Consuelo, su esposa, que lloraba casi a diario y sufría como nadie esa situación de pobreza,  a los 3 años de nacer Valentina, la menor de los tres hijos, se llevó en una maleta las pocas pertenencias que tenía dejando solo una nota escueta donde le reprochaba a su marido su incapacidad para conseguir un mejor empleo. En sus momentos de furia lo llamaba  cobarde, falto de pantalones, blandengue. En la carta que dejó volvió a repetirlo con claro desprecio: "Por esa falta de pantalones somos así de pobres mientras el resto de mi familia si surge. Tenía que fijarme en un blandengue y cobarde, pero menos mal me doy cuenta ahora porque este infierno no hubiera podido haberlo aguantado más. Adiós y espero no deje morir de hambre a mis hijos. Ah y no me busque, no quiero volver a verlo". Claramente él sabía que había cometido errores, que  a veces gritó, a veces lloró, a veces se desesperó, pero también tenían muy claro en su cabeza que siempre la amó, que nunca vaciló sobre ese amor y que trató de esforzarse al máximo en darle algo mejor. A las 6 ya todos estaba listos, salieron al mismo tiempo, Valentina en un alimentador que la acercaba a la troncal más cercana, José y Juan en bicicleta tomaban ruta por calles destapadas hasta encontrar el carril de la cicloruta y él tomaba un bus destartalado, de los pocos que quedaban en la ciudad, que lo dejaba a a unas 15 cuadras de la obra donde estaba trabajando desde hacía 18 meses. Llegó a tiempo, 2 minutos antes de las 7.  Jorge, uno de los capataces de la obra lo saludó eufóricamente "siempre a tiempo Ernesto, sabe hermano que no recuerdo haberlo visto llegar ni un minuto tarde en todos estos meses". Estaba sonriente, como pocas veces, y eso era raro porque Jorge era un tipo serio, a veces pasaba de amargado. Reunió a su equipo de obreros ofreciéndoles descansar sobre unos bultos de cemento que estaba amontonados en una esquina de la construcción. "Hoy ya por fin vamos a terminar ese muro que pidieron los arquitectos, se que ha sido jarta su construcción, esa parte del lote es muy irregular pero ellos ven eso y me dijeron que si lo terminamos antes de las 4 p.m. que viene uno de los gerentes de la empresa, nos dan una platica extra, si no estoy mal 250 mil pesos extra en la quincena para cada uno. Entonces que el almuerzo sea solamente de 10 minutos. ¿de acuerdo?". Todos se miraron entusiasmados, 250 mil pesos era bastante dinero, casi la mitad de lo que le llegaba en una quincena. Y a cambio de recostarse 40 minutos a la hora del almuerzo valía la pena el esfuerzo. Ernesto empezó a imaginar lo que podría comprar. Por fin un mercado decente o quizá zapatos para sus hijos, de 40 mil pesos, había visto una promoción en un almacén que quedaba a unos 15 minutos de su casa. Zapatos para sus hijos y un refuerzo para el mercado. "Y otra cosa que quería decirles muchachos", Jorge interrumpió los sueños de todos los obreros. "Ustedes saben que esta obra la acabamos en un mes y los dueños del proyectos están felices, si entregamos todo a tiempo los arquitectos garantizan que nos quedamos todos trabajando en un nuevo edificio de la constructora, pero lo mejor, nos aumentan el salario 15%". Todos se miraron entre contentos y confundidos. La mayoría no sabía multiplicar o sacar una cuenta con porcentajes. Miguel Pachón, uno de los obreros más viejos se paró de manera tímida y preguntó: "Cuánto es eso don Jorge?". El capataz sonrió ampliamente, y dijo "por ahí unos 150 mil o 200 mil pesos para cada uno".  Ahora solo había caras de esperanza, de sueños, de ilusiones. Volvió a interrumpirlos su capataz "pero entonces arranquemos muchachos, que ya son casi las 7 y media".


Arrancaron con entusiasmo, más felices que otras veces, ordenados, concentrados en terminar ese muro interminable mientras el sol picante de Bogotá se reflejaba fuertemente en sus rostros curtidos. Cada uno tenía sueños en sus cabezas, mercados, un regalo para sus hijos, o para sus esposas, o quizá una ayuda para sus padres envejecidos o tal vez la bicicleta que necesitaban para transportarse en el día a día. Así pasó casi toda la jornada, entre risas sinceras y rápidas que no desviaban la atención de los trabajadores. Jorge se acercó al muro faltando 15 minutos para las 4, ya solo faltaba un trozo por adoquinar. Y allí estaba Ernesto, sonriente, con la misma abnegación absoluta con la que lo conoció el capataz el día que lo contrató, dando los últimos retoques de la parte que le correspondía. "Ya casi termina Ernesto, muy bien, justo a tiempo, como es usted siempre". Ernesto, subido sobre  un andamio, con su traje lleno de cemento y polvo sintió un zumbido, y luego un movimiento que crecía poco a poco. Cuando puso el último ladrillo del gran muro que rodeaba el edificio de apartamentos de 3.900 millones de pesos, en pocos segundos, como piezas de dominó, todo lo que habían hecho la última semana se vino abajo, toneladas de cemento, de ladrillos, de concreto, de sueños y esperanzas. Ernesto vio todo eso en 2 segundos y sus hijos como un relámpago pasaron por allí y Consuelo lo volvió a mirar como alguna vez lo había visto, con amor, con una sonrisa fuerte y sincera. Sintió el peso sobre su cabeza, muy rápido, un grito ahogado que no escuchó y vio a  sus padres jóvenes que lo volvieron a cargar en sus brazos, allá entre todos esos árboles de mango que él recordaba aún en sueños.  El estruendo dejó a todos atónitos y asustados, el Gerente se asomó por la ventana de su auto, Jorge se arrodilló sobre los escombros, nadie dijo nada, nadie gritó, nadie se movió, todos miraban y miraban pero nadie se atrevía a decirlo, a reconocerlo.

Wednesday, December 14, 2016

Nadar

El agua de la piscina, sumergirme dentro de ti.
El calor del agua, como cuando estoy en tu interior.
Sentir que me ahogo, en el éxtasis de nuestro amor.
Los brazos duelen, cuando me atrapas entre los tuyos.
Las piernas que no pueden patalear más, porque las enredas con tus pies.

Un nuevo estilo, después de libre, de pecho, Un estilo que hicimos,
sin técnica preconcebida, sin maestros, sin práctica.
Sumergirnos, sentir que nos ahogamos, sentir la llegada como cuando salimos del agua
y tomamos de nuevo aire que nos devuelve a una vida, una vida sin ti.

Tuesday, November 22, 2016

03-05-2016
Pero antes de todo eso quisiera salir de esta jaula, y tirarme en una cama, dormir, ver televisión hasta hartarme, irme a una piscina, tomar un café mirando el horizonte, volver a dormir, ir a cine, una, dos, tres veces, tomar un vino, o dos, y luego una jarra de cerveza, comer, vomitar si me siento mal, repetir que no lo volveré a hacer, acostarme y luego levantarme en medio de la montaña, respirar el frío del lago, sentir el viento en mi brazos y en mis piernas y luego sumergirme en las olas de mares claros y luego en mares oscuros y salvajes, y sentir que me ahogo para luego ser devuelto a la superficie polvorienta por una mantaraya gigante.


Escuchando una de Skid Row que no conocía

Tuesday, October 11, 2016

Y el tiempo pasa, y aún dentro de la celda. No queremos salir, no podemos salir.

"Tired of lying in the sunshine staying home to watch the rain. 
You are young and life is long and there is time to kill today. 
And then one day you find ten years have got behind you. 
No one told you when to run, you missed the starting gun. "

De Time By Pink Floyd

11/10/2016

la impresora queda a mi lado
todo el día imprime
imprime mucho
es una máquina
entiende un idioma
un protocolo, si queremos ser más exactos
fue programada para hacer ciertas cosas
no se mueve
no se puede comunicar con otras impresoras
solo recibe órdenes
una hoja, 100 hojas, a color, en blanco y negro, doble cara
y así se la pasa todo el día
yo veo todos mis conocidos en oficinas
a mi lado,
los que están en otro edificio
los que tienen hijos
y los que no lo tienen
y son iguales a la impresora
yo soy como la impresora
fui programado para hacer algo específico
día a día puedo aprender nuevas cosas para hacer eso que me piden
estudio un pregrado, una maestría, un doctorado, una certificación, muchas certificaciones,
y me pagan por eso
y eso que me pagan lo gasto en algo que hacen otros
el de la caja del supermercado
y el del taller
el de la fábrica de muebles
y así todos  en círculos
consumiendo el planeta
sin nada de conciencia
repitiendo
imprimiendo las órdenes que nos dan
esperando que pase el reloj
que llegue el fin de semana
las vacacoines
la noche, la muerte
hoy la tarde estará adormecida por un partido de fútbol
las conciencias estarán alineadas con un espectáculo
y mañana será todo igual
más viejos
con menos tiempo para reaccionar y para vivir, si eso pudiese hacerse claro

Wednesday, October 05, 2016

La vanidad

hoy vi la ciudad fea, la gente fea, hoy estoy cargado de apatía, no le tengo mucho fe a esta humanidad, es como trasladar todas esas fealdades que nos muestran los libros a esta gris realidad. La mezquindad que nos muestran en juego de tronos, lo que nos muestra posteguillo en sus libros sobre los emperadores, lo que maupassant y ribeyro mostraban en sus cuentos o tolstoi o dostovieski, solo estamos ante una muestra más de la perdurable condición humana, la más notable, la menos imperecedera. No nos debemos aterrar de esto que pasó porque al final va a seguir ocurriendo durante toda la existencia de esta raza así existan voces que se nieguen a eso y que lo denuncien y que promuevan su eliminación. Vuelvo siempre  a recordar esa frase celebre y cierta que decían en el abogado del diablo, "vanity, definitely, my favourite sin"


Tuesday, April 07, 2015

Los caminos que no llevan a ningún lado

El caminante huía de una historia triste, de una mujer que lo había sometido a la derrota una y otra vez, noche tras noche, al despuntar el día o cuando la luna mojaba el cielo con su luz. Que amargado fue el caminante en esa celda que se había autoimpuesto, la comida había perdido su sabor y su aroma, las flores no valían la pena, el agua fresca era casi como un veneno que heria su garganta que siempre estaba reseca.

Tuesday, December 02, 2014

"promesas rotas antes se nacer, brillan al caer, brillan al caer"