Thursday, June 19, 2025

Lo que no supe darte

 A veces vuelvo a los lugares

Donde reímos sin pensar 

Y me acompaña tu recuerdo 


Como sabe quien sabe la verdad 


Te merecías mil ventanas


Y yo te hablé desde un rincón 


No te cuide como debía 


Y ahora me abrazo al perdón 




A veces sueño que regresas

y te recuestas junto a mí

susurras que aún queda tiempo

para sanar y resistir

pero despierto entre vacíos

con tu silencio en el colchón

y aunque te pienso en cada paso

no te presiono el corazón



Lo que no supe darte

hoy me quema en la piel,

fue más que un error,

fue no saberte ver.


Y aunque el tiempo no vuelva,

yo aprendí a esperar,

a sanar las promesas,

a no volver atrás.


Te vi dudar frente a mi sombra,

y no entendí tu soledad,

querías alguien que te abrace,

no alguien que se va al hablar.


Ahora el silencio me responde,

donde tu voz solía estar,

y en cada gesto que no tuve,

te empiezo a recordar.


Lo que no supe darte

hoy me grita en la piel,

no fue falta de amor,

fue miedo de perder.

Y aunque el daño fue grande,

hoy sé reparar,

lo que no supe darte

lo empiezo a sembrar.


No quiero que esto suene a derrota,

ni a que me rindo sin luchar,

sólo a un hombre que aprendió tarde,

pero aprendió a amar.


A veces vuelvo a los lugares…

y ya no corro al recordar,

porque tu amor me fue raíz

y en esa raíz, empiezo a estar.


Friday, June 06, 2025

Soledad II

 Mateo veía todo con una luz cambiada, oscura, sin colores brillantes, lúgubre, como si le hubieran puesto unos lentes oscuros que no se podía quitar. Su mente no solo no distinguía la luminosidad de siempre sino que se iba todo el tiempo a recuerdos, a instantes, a lugares en los que esa luz era radiante, fuerte y bella. Sitios tan simples pero ahora con tanto significado como un supermercado, una calle sencilla, un pequeño parque, una ruta de un bus, una ciclo ruta, una hora del día, el vestíbulo de un cine, el trancón en una avenida, un pequeño café,  la librería con su aroma  particular  o la biblioteca monumental. Miles de momentos se le agolpaban en la cabeza rompiendo su alma en un llanto desconsolado que nunca había sentido en tantos años de vida.

Sunday, May 25, 2025

Soledad

 Explotó de la nada, un incendio que se propagó en poco tiempo y consumió muy rápidamente lo que había. Dejó heridos de gravedad, arrasó felicidades, proyectos e ilusiones.

La tierra negra aun por las llamas tan contundentes, sigue humeando, sigue arrojando un vapor violento del que no se sabe si algún día volverá a brotar una semilla de vida.

Monday, April 28, 2025

Promedio 3

 Hernando me miró mientras fumaba un cigarrillo. No sé de dónde lo había sacado, los cigarrillos de nicotina se habían extinguido hacía más de 5 años cuando los movimientos ambientales y progresistas se hicieron al poder de todas las industrias productivas en todo el planeta. Ni lo más artesanal había sobrevivido a la estandarización mundial que ocurrió en ese época.

- Entiendo tu idea. 


Promedio 2

 Pero eso es en general lo que somos Hernando. Y aunque diga “general “ no implica que no me esté refiriendo a todos. Nuestras necesidades son las mismas, necesitamos comer, necesitamos dormir, necesitamos fornicar, necesitarnos tener vicios, necesitamos defecar , orinar. Nuestros órganos son los mismos, habrá algunas  excepciones que más allá de darles rarezas biológicas los vuelve enfermos, o  tan especiales que el mismo “promedio”  que ud cuestiona , los excluye y margina. Incluso cuando surgen movimientos de esas minorías ellos mismos tratan de volver promedio su forma de pensar que alguna vez quizá fue distinta. Es la dictadura del pertenecer , y es que finalmente pertenecer tiende a promediar porque cuando hay muchos queriendo y accediendo a ese pertenecer, esa especialidad y unicidad  se tornan en algo uniforme y hasta universal.

Promedio

 Es aburrido, es irrelevante, no  determina nada, es el resultado soso y mediocre de la mezcla de muchos sabores especiales; no encanta, no enamora, nadie lo ve, es una estadística aburrida donde se coloca lo que no  inspira ni apasiona. Se viste aburrido, se ve gris, se confunde con el color del asfalto, no transmite ninguna emoción más allá de cierta sobriedad. No da temor y tampoco tranquilidad, y si busca algo de notoriedad se notará torpe y perdido. 


La mujer y el hombre promedio, la célula global que aunque muy notoria como masa, como individuo no es mucho más allá de un factor que suma algo a ese movimiento homogéneo y estéril.

Monday, January 13, 2025

Raíz de árbol

 A Héctor no lo había vuelto a ver hacía mucho tiempo, quizá unos 8 o 10 años. Aunque lo recordaba ya delgado y un poco descuidado, la semana pasada que por casualidad lo vi de lejos, me confirmó que quizá esté en sus últimos momentos de su existencia. 


Héctor me decía siempre que no se moría antes porque simplemente su vida no valía un sacrificio tan grande. Su vida era tan pobre y desconsolada que era una estafa hacer ese intercambio en un momento que no era el que  estuviera escrito. “M Ud sabe cuantos miles mueren al día en el mundo? Y de esos miles cuantos son realmente relevantes o importantes para el mundo? O si no son así de relevantes para la sociedad en general cuantos lo son para su familia? Un muerto de esos tiene la importancia de ser la raíz o el tallo del árbol social y comunitario al que le dan vida. Cuando desaparecen ese árbol tiende a secarse o cambiar demasiado su estructura. Yo he visto M morir raíces de árbol , tallos, sustentos, elementos vitales. Y también he visto morir hojas, incluso hojas secas que aunque llevan mucho tiempo así les toma tiempo caerse del árbol sin aportar nada en mucho tiempo”. La diferencia entre un árbol que seca su raíz a un árbol que ve como algunas hojas que caen es literalmente su propia supervivencia”. En este punto H se silenció y no dijo nada más esa tarde.

Monday, December 16, 2024

Un día simplemente no estás

 Un día de repente no ves

O de repente no puedes oír

O de repente no puedes hablar, ni sentir, ni respirar 

Un día tu pecho se detiene, y tu sangre deja de circular 

Y tu cerebro se empieza a secar 

Un día simplemente no estás 

Monday, April 18, 2022

Los años

Ayer vi a Matías Perez. Ya está viejo,  está más delgado, su barba tiene ya algunas manchas de canas, pero sus ojos aún  conservan esa ingenuidad y nobleza que siempre lo han caracterizado.  El pelo lo tiene más corto y la ropa le queda algo grande. No se ve bien, sus zapatos viejos y rotos dan fe de que su situación económica está peor que nunca. Imagino que la pandemia dejó en él esa marca insondable que tal vez ya nunca se vaya. Quise acercarme pero P. me lo impidió. Dice que aunque Matías no es un mal sujeto no es bueno que me vean con él.  Se ve muy solo, camina lento, más que antes y pareciera que ya no mira algo específico. Matías es la antítesis de la persona actual, o de esa persona que nos quieren vender de cualquier manera, a cualquier precio y por cualquier medio. 

Wednesday, December 15, 2021

Hu y Ha p1

Esa noche la reunión era en la casa de Mateo Pereira,  íbamos a emular las noches de Medan, así que invitamos a varios de los que en esa época sabíamos que escribían regularmente y que de alguna u otra manera se habían ganado cierto prestigio en los bares de la candelaria.

Todos pasábamos a un pequeño estrado que Mateo dispuso en la sala de su casa, uno a uno, temerosos, ansiosos, pues éramos un grupo muy crítico, muy incisivo y aún para el más indiferente ante la críticas - Raúl Ramírez - estar rodeado de tantas mentes inquietas y de alguna manera envidiosas y dañadas,  resultaba algo incómodo leer uno de sus cuentos.

A las 12:30 de la noche, luego de la lectura de Miguel Camargo, un cuento aburrido y largo que nadie aplaudió ni del que nadie habló nada, subió al estrado el pequeño Diego Casas, caminando muy lentamente, como si  un imán lo apartara del destino de esa noche. Una vez arriba, miró en torno al pequeño salón mientras se enjugaba el rostro con una servilleta que había tomado minutos antes de la mesa del comedor. Por un momento pensé que se iba a desmayar, pero rápidamente volteó la mirada hacia unas hojas que tenía en la mano, carraspeó y empezó  muy despacio y con voz tenue y temblorosa su historia:

"En cierta ocasión, en un país tan lejano que ya nadie recuerda su nombre, vivían Hu y Ha. Hu era fornido, de pelo negro largo y siempre llevaba una capa roja sobre sus hombros robustos. Ha era alta, de pelo y mejillas rojizas, su piel color nuez madura y sus brazos y manos tan blancas como el cielo,  despertaban curiosidad entre todos los que la rodeaban y los que no, pero que sabían de sus existencia. 

Ha vivía en las montañas, por donde pasaba el río Huandrad, por donde el puente Huanar unía los destinos de las únicas poblaciones de los árboles gigantes de hojas naranjas y verdes, Hurlan y Huerpil. Hun en cambio estaba lejos, en las costas heladas de Harmarin donde su padre construía barcos de madera de hayas  mientras su madre pastoreaba cabras gigantes y burritos chonchitos en las laderas verdes que se asomaban al mar violeta que nadie sabía donde terminaba y que ni las leyenda y mitos se atrevían a estimarlo".

Friday, March 19, 2021

 III 


Hector B. siempre había sido una persona muy reservada, muy aislada, muy solitaria. Matías lo conoció en un café en el centro de la ciudad, por una casualidad extraña cuando asistían en ese lugar  a un conversatorio con un escritor que ya no recordaba quien era, solo recordaba que había sido una perdida de tiempo todo ese día salvo por el encuentro fortuito con Hector.  Ese día, en la barra del café,  Hector le pidió un poco de candela para prender un cigarrillo húmedo que tenía en su mano izquierda. Matías, un poco conmovido, un poco lleno de lástima, le ofreció un cigarrillo seco mientras sacaba una pequeña caja de fósforos que siempre llevaba en su pantalón. Hector, rehuyendo la mirada, tomó rápidamente el cigarrillo y en vez de llevarlo a sus labios para prenderlo con uno de los fósforos, lo guardó en un pequeño maletín que llevaba cruzado en su pecho e insistió con un gesto sutil para prender el cigarrillo mojado. Matías, ya sin pesar ni compasión le alargó el fósforo encendido y luego volvió un poco enojado por ese gesto tan antipático, a su mesa de siempre,  donde estaba con Angela T., Ximena D. y Felipe A.  Se quedó un rato meditabundo tratando de expiar a donde se había ido ese sujeto peculiar que por alguna razón le había llamado la atención, hasta cuando volviendo a la barra y ya sin pistas de Hector, sintió que alguien le rozaba el hombro y desde atrás, con una frase muy corta y puntual le decía,  "perdón si fui grosero, no acostumbro a recibir nada de nadie, mi nombre es Hector, gusto en conocerlo". Cuando volteó a mirar, en medio de un gentío terrible que se arremolinaba pidiendo una cerveza, un trago, un coctel, no halló rastro de ese sujeto,   solo un pequeño tufillo mezclado de cigarrillo barato y café de panadería. 

Thursday, February 13, 2020

El Piñal

 Se acaba el día y ya las gallinas y los copetones deben estar anidados
 los atardeceres de esta ciudad, que a veces son como los de la playa, no me recuerdan en nada los del piñal
 en donde el canto de los sapos y de las cigarras me avisan que la noche es nueva
 aquí solo es un atardecer más

 una hora jornada de hora pico más
 un trayecto más
 un trancón más
 allá también debe ser una cigarra más que canta a la par que una mariposa termina su vida

 vida de un día
 volando por entre los mangos y los limones
 el sol la ha arroyado durante su día
 durante su vida
 y sus alas, que solo duran ese día, descansan cuando la noche nueva madura se va volviendo

 y mientras la cigarra de la noche nueva ya duerme después de su canto viejo
 aquí los carros se van extinguiendo, y los ruidos cesan poco a poco, solo el silencio es interrumpido por un grito, una sirena, una bala
 un llanto
 o una grosería extraviada

 todo es una suma de algo más
 mil autos, mil buses, 1 tonelada de humo, 
 igual a mil cigarras, mil sapos, una tonelada de fragancia del caminante de la noche
 todo al final es una suma de algo más

Friday, August 23, 2019

II

Matías salió a l:30 de la bolera. Los oficinistas pululaban en las calles, con su caminar lento y pausado después de haber almorzado algo especial o medianamente especial pues era día de pago. Daban lástima,  con sus costumbres tan arraigadas, una oblea o un helado o algún postre aburrido que los hacía sentir feliz. Iban de aquí para allá sin alejarse mucho de su lugar de trabajo, tal vez 2 o 3 cuadras, no más, les daba temor o pereza;  andaban en grupos pequeños si eran oficinistas viejos o grupos grandes si eran recién llegados, se notaba quien era jefe o quien raso, aunque era claro que  un sueldo un poco más alto nos los cambiaba mucho, seguían siendo igual de simples y básicos.  Él fue alguna vez eso, poco tiempo, quizá un par de meses compartiendo rutinas que terminaron desgastándolo completamente, esos días sentía que había muerto, que olía a cadáver, que entraba todos los días a la misma hora a un mausoleo donde veía tantos cadáveres tranquilos, resignados a quedarse para siempre en un estado de sopor que no les permitía ver más allá de esas paredes o de las de sus rutinas o de las de sus hogares que casi siempre terminaba siendo otro mausoleo que en la mayoría de las ocasiones pagaban durante todas sus miserables vidas.

Cruzó la carrera 68 hacia el parque el Salitre y buscó un sitio desde donde llamar a Héctor.  No quería hacerlo, la última vez fue tan difícil y complicada que el dolor lo había acompañado durante más de 2 años. Pero aún así, en su mente seguía zumbando ese mensaje de antes de medio día. La urgencia no era propiamente una característica de Héctor y eso lo inquietó aún más. 

I

Matías salió ese día, algo cargado, muy estresado, muy pesado. Caminó muchas calles, atravesó muchos parques, fumó muchos cigarrillos. Después de varias horas entró a una bolera, tenía algo de dinero así que pidió una hamburguesa doble carne y una cerveza y mientras comía miraba a la gente, había grupos pequeños y otros muy grandes, de 10 o 15 personas. Parecían felices, todos estaban entretenidos en ese ir y devenir de las pesadas bolas sin que importase si lo hacían bien o mal o si tiraban un pin  o por el contrario la suerte hacia que terminaran haciendo chuzas. Por un momento quiso hacer parte de uno de esos grupos, como los grupos a los que había pertenecido en la facultad de letras, todos con algún propósito, profundo o no profundo, el grupo de poesía maldita o el de cuento latinoamericano o el de Risk o el de FIFA. Eran o simples o eran complejos o eran de x o y manera. Ahora eso que importaba, ahora todo eso no existía, se había esfumado como el humo de todos esos cigarrillos que se fumó o esa cerveza que se tomó antes de terminar la hamburguesa. Todo tan efímero en los hechos pero tan persistente en su mente. Así cavilaba cuando le escribió Héctor Barreto "Matías, necesito hablar contigo, es urgente"

Friday, August 16, 2019

Desde el edificio gris con ventanas azules

Esa tarde estaba en mi puesto de trabajo que quedaba en el primero piso de un edificio raro que en algunas partes parecía de 2 pisos y en otros de 3 y que era ancho, muy ancho. Mi puesto miraba hacia un jardín, y más allá hacia la portería del edificio y más allá a la calle por donde veía pasar el tráfico y mucho más allá a algunos edificios altos y anchos aunque no tan anchos como el del sitio donde trabajaba. A las 4 y 30 pasadas, como 4 y 44, alcé la vista, por instinto, por alguna razón que no tengo clara, como si me hubieran llamado o gritado desde muy lejos e inmediatamente subí la mirada a uno de los  edificios, uno gris con ventanas azules y entonces vi algo que se movía en la terraza, primero pensé en un ave, pero a un ave no la hubiera visto desde esa distancia, afiné más la vista y lo ví más claramente. Tenía chaqueta azul clara, jean, gorra oscura, no distinguía nada más. No sabía si era hombre o mujer, y menos su edad. Parpadeé dos veces, quizá tres  y cuando abrí los ojos el sujeto o la tipa se habían lanzado y caía muy rápido bordeando el edificio de 30 o más pisos. Una figura dminuta, como si fuese un ladrillo arrojado desde un rascacielos. No lo ví caer, un bus pasó en ese justo momento. Pero unos segundos más tarde una sirena muy fuerte inundaba el aire. Todo el mundo empezó a asomarse, a murmurar, a salir a la portería a mirar para al final no ver nada, porque seguramente nada quedó, nada reconocible de ese joven o viejo o vieja que vestía una chaqueta azul, un jean y una gorra oscura.

Escuchando la lluvia

I Marchas bajo la lluvia

Marchaban bajo la lluvia, una lluvia suave pero intensa, de esas que no te mojan con unas simples pero gordas gotas, sino que poco a poco, con un constante martilleo, te empapa hasta los huesos y nunca permite que tu ropa, tu equipo y todo lo que lleves puesto se seque.  Es una lluvia triste, se huele en el ambiente, una lluvia que carga mucho frío, que deja el aire helado haciendo que la nariz duela cuando respiras y que las manos estén tan  pálidas como los cielos de otoño y tan congeladas que solo moverlas duele.

Todos intentaban juntarse para darse un poco de calor, algunos sacaban un poco de whisky o cogñac que los calentara un poco y otros ofrecían cigarrillos húmedos a sus compañeros. Era una compañía pobre, que meses antes había quedado encerrada en una bolsa de cientos de kilómetros y que por suerte, pero también por falta de ella, no había sido encontrada ni por el enemigo ni por las tropas aliadas que  lograron ingresar a la bolsa en un punto al suroeste de su ubicación. Era una compañía con muy pocas probabilidades de sobrevivir.

Pocos hablaban en esos días, tenían aún provisiones pero eran precavidos con su consumo, no se excedían, comían y tomaban cuando el hambre los acosaba pero tan pronto quedaban repuestos guardaban todo con ahínco, con gran cuidado. El grupo lo tenía a cargo el teniendo Pedraza, pero al final parecía que nadie lo tuviera a cargo, él solo daba algunas instrucciones sobre la marcha diaria, la precaución con la comida y la bebida y unas pocas palabras de ánimo que a medida que pasaba el tiempo eran más escasas. Todos lo respetaban y nadie osaba con retarlo o desobedecerlo, sin embargo él prefería marchar atrás, solo para estar pendiente de cualquier emboscada dejando en el frente a Ramírez que era uno de últimos con algo de ánimo para continuar caminando, oliendo, mirando más allá de los arbustos que les cerraba el paso.

esuchando Have No Fear (Bird York)

Tuesday, September 04, 2018

Un lugar de trabajo

Una calle polvorienta se abre frente a mi
ventana
Mi ventana llena de tierra impide ver
claramente lo que sucede en el exterior
El cielo es gris, con muchas nubes largas que
se extienden por todo el firmamento, como si
de una gran chimenea emanara una gran humareda
clara y sin gracia
Algunas voces monótonas se entrecruzan a cada
uno de mis lados
El cielo sigue igual, sin dejar ingresar rayos
profundos y definidos sobre las calles secas y
llenas de tierra.
Las ventanas son solo el reflejo de las calles
que con huecos profundos e insalvables van
pasando entre los edificios negros y sucios.
Aquí dentro no hay calles, y quizá menos
polvo,
pero las paredes, los escritorios, los baños y
pasillos  son tan fríos y secos como la calle
que pasa frente a mi ventana llena de tierra.

Friday, August 17, 2018

Pasa el tiempo

La luz del sol que a veces cambia, clara y suave en la mañana, oscura y dura cuando la noche llega
no muchas horas pasan entre una y la otra, no muchas cosas suceden entre la frescura y la madurez
El tiempo pasa y los segundos arrastrados por las horas no dice mucho sobre lo que pasa
El tiempo pasa y solo en los relojes se ve como pasa, y en las arrugas de aquella señora que mira por la ventana, y en las copas de los árboles que a veces están y otras veces se van, y en las flores que adornan la maceta de mi edificio.
Los calendarios ahí están, pasan y pasan, mes tras mes, año tras año, son papeles, son casillas con números, son días sombreados de un color especial seguidos de otros que parecen no tener nada anormal. Así el tiempo pasa y un día solo será el reloj sobre la mesa de noche deteniéndose cuando la cuerda no de más.

Tuesday, February 21, 2017

El muro

A las 5:00 a.m. se levantaba todos los días Ernesto Gutiérrez. Tenía que llegar a las 7 a.m. a su trabajo que quedaba a unos 15 kms. de su casa, en el extremo occidental de la ciudad, por donde el río Bogotá pasaba entre lotes baldíos, dejando un olor nauseabundo e inmundo. Ya se había acostumbrado a ese olor y a veces pensaba que tal vez un día lo llegaría a extrañar. Como venía diciendo, a las 5 a.m. se paraba rápido de su cama, sin una pizca de pereza, se enjuagaba la cara, los brazos, el cuello y los hombros en el baño improvisado que había podido construir una semana atrás en una humilde casa que poco a poco había podido levantar hacía ya 10 años.  Primero empezó con una habitación, luego puso un mesón con un lavaplatos que le habían regalado, luego otra habitación para los niños  y así de ladrillo en ladrillo  y muy lentamente Ernesto tenía cuatro paredes, muy sencillas, muy diferentes a las paredes que veía en el sitio donde trabajaba, pero al fin y al cabo sus paredes.  Con él vivían sus 3 hijos, ya todos habían pasado la infancia que por lo demás no había sido sencilla, llena de necesidades, de discusiones, de carencias, de lágrimas saladas, muchas lágrimas saladas. Pero lo habían superado a punta de algo que ahora poco se ve, hallando en medio de temas  triviales, de trastos sin uso que a los ojos de muchos otros podrían ser solo basura, pequeñas cosas que los unían y les daban esperanza en medio de todos esos problemas, porque Ernesto tenía ese atributo que tan pocos seres humanos tienen, ese atributo que les permitía sonreír en medio de un barrizal, ver colores donde el hambre y la tristeza solo dejan negrura y oscuridad, proponer un juego cuando todos los juguetes estaban rotos o tal vez ni siquiera había. Tantas navidades así, tantos cumpleaños así, con una torta de 3000 pesos que él decoraba con baratijas y sobre la cual ponía cualquier cosa parecida a una vela para que sus hijos siempre tuvieran en la cabeza el recuerdo de que su padre no había olvidado las fiestas que para todos eran importantes. Pero no todos soportaron eso, Consuelo, su esposa, que lloraba casi a diario y sufría como nadie esa situación de pobreza,  a los 3 años de nacer Valentina, la menor de los tres hijos, se llevó en una maleta las pocas pertenencias que tenía dejando solo una nota escueta donde le reprochaba a su marido su incapacidad para conseguir un mejor empleo. En sus momentos de furia lo llamaba  cobarde, falto de pantalones, blandengue. En la carta que dejó volvió a repetirlo con claro desprecio: "Por esa falta de pantalones somos así de pobres mientras el resto de mi familia si surge. Tenía que fijarme en un blandengue y cobarde, pero menos mal me doy cuenta ahora porque este infierno no hubiera podido haberlo aguantado más. Adiós y espero no deje morir de hambre a mis hijos. Ah y no me busque, no quiero volver a verlo". Claramente él sabía que había cometido errores, que  a veces gritó, a veces lloró, a veces se desesperó, pero también tenían muy claro en su cabeza que siempre la amó, que nunca vaciló sobre ese amor y que trató de esforzarse al máximo en darle algo mejor. A las 6 ya todos estaba listos, salieron al mismo tiempo, Valentina en un alimentador que la acercaba a la troncal más cercana, José y Juan en bicicleta tomaban ruta por calles destapadas hasta encontrar el carril de la cicloruta y él tomaba un bus destartalado, de los pocos que quedaban en la ciudad, que lo dejaba a a unas 15 cuadras de la obra donde estaba trabajando desde hacía 18 meses. Llegó a tiempo, 2 minutos antes de las 7.  Jorge, uno de los capataces de la obra lo saludó eufóricamente "siempre a tiempo Ernesto, sabe hermano que no recuerdo haberlo visto llegar ni un minuto tarde en todos estos meses". Estaba sonriente, como pocas veces, y eso era raro porque Jorge era un tipo serio, a veces pasaba de amargado. Reunió a su equipo de obreros ofreciéndoles descansar sobre unos bultos de cemento que estaba amontonados en una esquina de la construcción. "Hoy ya por fin vamos a terminar ese muro que pidieron los arquitectos, se que ha sido jarta su construcción, esa parte del lote es muy irregular pero ellos ven eso y me dijeron que si lo terminamos antes de las 4 p.m. que viene uno de los gerentes de la empresa, nos dan una platica extra, si no estoy mal 250 mil pesos extra en la quincena para cada uno. Entonces que el almuerzo sea solamente de 10 minutos. ¿de acuerdo?". Todos se miraron entusiasmados, 250 mil pesos era bastante dinero, casi la mitad de lo que le llegaba en una quincena. Y a cambio de recostarse 40 minutos a la hora del almuerzo valía la pena el esfuerzo. Ernesto empezó a imaginar lo que podría comprar. Por fin un mercado decente o quizá zapatos para sus hijos, de 40 mil pesos, había visto una promoción en un almacén que quedaba a unos 15 minutos de su casa. Zapatos para sus hijos y un refuerzo para el mercado. "Y otra cosa que quería decirles muchachos", Jorge interrumpió los sueños de todos los obreros. "Ustedes saben que esta obra la acabamos en un mes y los dueños del proyectos están felices, si entregamos todo a tiempo los arquitectos garantizan que nos quedamos todos trabajando en un nuevo edificio de la constructora, pero lo mejor, nos aumentan el salario 15%". Todos se miraron entre contentos y confundidos. La mayoría no sabía multiplicar o sacar una cuenta con porcentajes. Miguel Pachón, uno de los obreros más viejos se paró de manera tímida y preguntó: "Cuánto es eso don Jorge?". El capataz sonrió ampliamente, y dijo "por ahí unos 150 mil o 200 mil pesos para cada uno".  Ahora solo había caras de esperanza, de sueños, de ilusiones. Volvió a interrumpirlos su capataz "pero entonces arranquemos muchachos, que ya son casi las 7 y media".


Arrancaron con entusiasmo, más felices que otras veces, ordenados, concentrados en terminar ese muro interminable mientras el sol picante de Bogotá se reflejaba fuertemente en sus rostros curtidos. Cada uno tenía sueños en sus cabezas, mercados, un regalo para sus hijos, o para sus esposas, o quizá una ayuda para sus padres envejecidos o tal vez la bicicleta que necesitaban para transportarse en el día a día. Así pasó casi toda la jornada, entre risas sinceras y rápidas que no desviaban la atención de los trabajadores. Jorge se acercó al muro faltando 15 minutos para las 4, ya solo faltaba un trozo por adoquinar. Y allí estaba Ernesto, sonriente, con la misma abnegación absoluta con la que lo conoció el capataz el día que lo contrató, dando los últimos retoques de la parte que le correspondía. "Ya casi termina Ernesto, muy bien, justo a tiempo, como es usted siempre". Ernesto, subido sobre  un andamio, con su traje lleno de cemento y polvo sintió un zumbido, y luego un movimiento que crecía poco a poco. Cuando puso el último ladrillo del gran muro que rodeaba el edificio de apartamentos de 3.900 millones de pesos, en pocos segundos, como piezas de dominó, todo lo que habían hecho la última semana se vino abajo, toneladas de cemento, de ladrillos, de concreto, de sueños y esperanzas. Ernesto vio todo eso en 2 segundos y sus hijos como un relámpago pasaron por allí y Consuelo lo volvió a mirar como alguna vez lo había visto, con amor, con una sonrisa fuerte y sincera. Sintió el peso sobre su cabeza, muy rápido, un grito ahogado que no escuchó y vio a  sus padres jóvenes que lo volvieron a cargar en sus brazos, allá entre todos esos árboles de mango que él recordaba aún en sueños.  El estruendo dejó a todos atónitos y asustados, el Gerente se asomó por la ventana de su auto, Jorge se arrodilló sobre los escombros, nadie dijo nada, nadie gritó, nadie se movió, todos miraban y miraban pero nadie se atrevía a decirlo, a reconocerlo.

Wednesday, December 14, 2016

Nadar

El agua de la piscina, sumergirme dentro de ti.
El calor del agua, como cuando estoy en tu interior.
Sentir que me ahogo, en el éxtasis de nuestro amor.
Los brazos duelen, cuando me atrapas entre los tuyos.
Las piernas que no pueden patalear más, porque las enredas con tus pies.

Un nuevo estilo, después de libre, de pecho, Un estilo que hicimos,
sin técnica preconcebida, sin maestros, sin práctica.
Sumergirnos, sentir que nos ahogamos, sentir la llegada como cuando salimos del agua
y tomamos de nuevo aire que nos devuelve a una vida, una vida sin ti.