Sunday, October 28, 2012
Solo una cámara a color
Entré ese día a la oficina bancaria con bastante temor, mi espalda estaba empapada y mi frente mostraba gotitas diminutas de sudor, perlas transparentes que de vez en cuando se deslizaban por mis sienes. "tengo que hacerlo" me dije a mi mismo. Saqué una servilleta que tenía dentro del bolsillo de la camisa, lo pasé por mi frente y mis patillas esperando que brotara menos sudor. Estaba a 10 pasos de los asesores y a 15 de la directora. A mi lado derecho el único vigilante del local se adormecía recostado en la barra donde se firman los documentos. Tres cámaras dispuestas en cada uno de los costados del salón eran el único estorbo del que habría que deshacerse con sumo cuidado, viéndolas con más detalle se alcanzaba uno a percatar de que solo una de ellas era realmente moderna, las otras dos emitirían imágenes a blanco y negro y con una pobre resolución. Pero aún no había planeado como eliminarlas, ni tampoco como minimizar al vigilante y a las dos asesores y a su directora de turno. Creo que ni siquiera tendría que preocuparme de eso. Seguí caminando lentamente, sin colas era el primero de la fila, el cajero principal me invitó a seguir, "siga" dijo con voz mecánica, terminé de dar mis últimos 5 pasos, y antes de llegar al mostrador, con el pecho y la espalda totalmente humedos, la frente chorreando goterones de agua salada, y la manos totalmente entumecidas, emití un leve sonido y caí de bruces en el piso brillante de cerámica clara. Alcancé a escuchar como un grito seco salió de la boca del cajero y como el vigilante se acercaba rápidamente para soccorrerme. Mi trabajo ya estaba hecho, ahora seguía el turno de Esteban.
Sunday, August 12, 2012
El día que nos graduamos prometimos vernos en un par de años en la plazoleta donde habíamos estado durante todo ese último año. Y asi fue. Todos llegaron, diferentes eso si, algunos con el pelo más largo, otros con barba, otros con bebes en los brazos, otros llegaban en autos, algunos otros con personas que nunca había visto, otros con bastantes fotos y muchos otros con invitaciones recién impresas para sus grados o sus matrimonios, o los bautizos de sus hijos. Cuando se saludaron voltearon a mirar hacia donde yo estaba, pero solo fue algo pasajero, al cabo de un rato volvieron con sus historias y sus sonrisas y sus planes futuros; solo Carlos Arturo, que se veía un poco extraño entre todos ellos, preguntó si alguien me había vuelto a ver. No recibió ninguna respuesta. Luego él también se olvidó de eso y trató de seguir el hilo de una de las miles de conversaciones que giraban a mi alrededor.
Wednesday, May 16, 2012
Anacronismo
Nunca ha sido fácil ser yo, casi siempre he querido estar en otro sitio al que estoy. Hoy por ejemplo quise estar todo el tiempo en la plaza de bolívar, viendo la gente, escuchando las palomas, las campanitas de los carros de helado, las risas, los mensajes por megáfono de los que siempre han estado allí y siempre estarán, sintiendo el tenue calor del sol a la vez que el viento frío se va metiendo por los costados de la camisa. Estuve algunos minutos, en la tarde, cuando las personas ya no tienen tanto afán y los solitarios empiezan a deambular buscando lo que nunca hallarán; y también estuve en la mañana, momento en el que se ven menos niños y aún se alcanzan a oler los perfumes recién aplicados sobre cuellos y manos. En ambos momentos están los fotógrafos, las palomas y las llamas y también los caballitos de juguete que sirven de fondo en las instantáneas que ahora son digitales. Recordé automáticamente, viendo una mujer joven con vestimenta de oficina, cuando a esa hora iba tomado de la mano de mi madre y entrábamos al Tía, y veía tantos y tan variados dulces, y a veces me compraba unas frunas o a veces una colombina y hacia las 6 de la tarde o 7 de noche, cuando ya estaba todo oscuro, salíamos a la 10a y esperábamos ansiósamente bus o buseta en medio de todos los grandes a los cuales yo ni veía, solitarios como estaban todos mientras esperaban su medio de volver a casa. Me alegraba enórmente cuando aparecía la buseta en medio de todo ese ruido y miedo, porque me daba temor, por la oscuridad, y por tantas personas, y por los mendigos que pasaban por nuestro lado. Ahora no se si todos ellos estarán vivos, o si me recordarán, o si por la mente se les pasará esos instantes o si quizá sueñen volver a esa juventud arrebatada, pasajera, remota.
Vuelvo a la oficina, donde todos se me hacen desconocidos, donde cada cual tiene sus líos, sus alegrías, sus frustraciones. Los miro y noto como nadie se percata de que los miro. Se escuchan murmullos de conversaciones telefónicas, la impresora que casi siempre duerme, salvo en épocas de facturación, calla, la luz titilante de la alarma nocturna parpadea de vez en cuando, los monitores de los computadores se roban toda la atención, las paredes blancas reflejan la luz clara de los tubos halógenos, sin contrastes, sin gracia, el ventilador que nuca se prende se ve silencioso encima de una mesa. El reloj sigue caminando tan rápido como el tecleo de las cientos de digitaciones que se escuchan tenues. Toso, pero nadie me voltea a mirar, quizá podría hasta morir encima de esta mesa y solo el aroma atípico generaría ciertas sospechas. A. se levanta y con su fuerte tono de tono de voz me desconcentra y desconcentra a algunos otros que están muy cerca. Pero nada más, solo fue algo pasajero, vuelve a sentarse y se pierde entre el brillo de la pantalla.
Mi mente regresa a la plaza de bolívar, a las frunas, a la falda de mi mamá que era igual de la falda de la joven que vi hace un momento. No estoy tan seguro de que ahora sea mejor que antes, diferente como dicen por ahí, pero esa diferencia me causa cierta desazón de la que no vislumbro nada. Nada. Solo recuerdos.
Tuesday, January 31, 2012
Sentimientos Encontrados
El calor abrasador del verano de hemisferio norte aburría a Emile tanto como el frío meridional a Fredo. Los dos, impacientes, poco tolersables y nada inclinados a soportar los excesos y a estar conformes con las cosas tal como se las planteaba el mundo, planearon evadir las condiciones que dominaban sus hogares para las próximas vacaciones. Fredo ya estaba hasta los tuétanos con la nieve y la brisa helada que azotaba el pequeño barrio Piedras Blancas en Santiago de Chile, de igual manera Emile no aguantaba más los 38 grados a los que hervía París, por lo tanto la mejor idea era la de renovar su ropero por un par de meses buscando mermar la continua desazón de esa época del año. Seguramente esa sería por fin la cura que tanto anhelaban
Thursday, December 29, 2011
Toyota Fortuner
Era un fotógrafo que no parecía fotógrafo, olvidaba la cámara a menudo en mi casa o en mi oficina, las pilas siempre estaban descargadas y el cargador refundido, otra veces la memoria estaba llena y no tenía una de repuesto que me permitiera tomar una de esas imágenes que sabemos no volverán. Pero aún así, era un fotógrafo, tomaba miles de instantaneas con mi mirada, la mujer que reposaba sobre su mula, el oficinista que corría apurado hacia su oficina, el comerciante que despreocupado miraba con gozo desde las puertas de su exitoso almacen, la mujer atareado con paquetes que sudaba a borbotones, el perro desgarbado que esperaba con resignación algún sobrado en la entrada de un restaurante. Amaba ver a la gente, pero también lo odiaba, y lloraba y otras veces el corazón se me salía de la emoción cuando una escena, un minicuadro de la realidad era toda la gratificación a un día lleno de problemas, de sufrimientos.
Ese día pasó lo de casi siempre, y creo que por eso escribo esto, al no poder mostrar lo que mis ojos vieron. Un hombre delgado, calvo, viejo, pero todavía vigoroso, arrastraba su pesado cargamento, un carro de balineras lleno de cacharros, de chatarra, de lo que para nosotros es basura y para él un enorme tesoro. Iba con un perro peludo, negro con unas pocas manchas negras, cansado, quizá hambriento,con la cola agachada y el hocico seco, pero con la convicción que da la lealtad de seguir hacia donde no se sabe solo por el amor hacia su hombre, su amigo, tal vez el único, su salvador. Y sobresaliendo de manera surrealista de entre la masa de latas que iban dentro del pobre carro, una placa que decía vehementemente:
Quedé perplejo ante esa imagen. El hombre seguía movimiendo su viejo carrito, sin hacer caso de lo que llevaba en su cargamento, mirando de soslayo a lado y lado cada vez que pasaba una avenida mirando si su único amigo lo seguía de cerca y no era atropellado paradójicamente por una Toyota Fortuner. Yo me quedé mirando desde un semáforo, callado, viendo esta ciudad que a veces amo pero que también odio.
Ese día pasó lo de casi siempre, y creo que por eso escribo esto, al no poder mostrar lo que mis ojos vieron. Un hombre delgado, calvo, viejo, pero todavía vigoroso, arrastraba su pesado cargamento, un carro de balineras lleno de cacharros, de chatarra, de lo que para nosotros es basura y para él un enorme tesoro. Iba con un perro peludo, negro con unas pocas manchas negras, cansado, quizá hambriento,con la cola agachada y el hocico seco, pero con la convicción que da la lealtad de seguir hacia donde no se sabe solo por el amor hacia su hombre, su amigo, tal vez el único, su salvador. Y sobresaliendo de manera surrealista de entre la masa de latas que iban dentro del pobre carro, una placa que decía vehementemente:
La ciudad es un sitio lleno de adversidades, para eso debes tener una Toyota Fortuner
Quedé perplejo ante esa imagen. El hombre seguía movimiendo su viejo carrito, sin hacer caso de lo que llevaba en su cargamento, mirando de soslayo a lado y lado cada vez que pasaba una avenida mirando si su único amigo lo seguía de cerca y no era atropellado paradójicamente por una Toyota Fortuner. Yo me quedé mirando desde un semáforo, callado, viendo esta ciudad que a veces amo pero que también odio.
Tuesday, December 20, 2011
Ríe
me alegra que rías. la vida debería resumirse a eso, decir disparatadas y luego reirse de ellas. A veces creo que una vida llena de hedonismos debería ser la piedra filosofal de nuestras existencias, una vida donde no existieran ni la conciencia, ni los problemas, ni los retos, ni nada de eso. Puro placer, de todo tipo, desde poder hacer el amor con quien quisieras, pasando por la gula más inmensa, hasta golpear y recibir golpes sin chistar nada....una apología a los pecados capitales, eso no sería tan malo.
Monday, December 05, 2011
Saturday, October 22, 2011
Esta tarde me recuerda aquella tarde de sábado, de alguno de los sábados donde mi mente extraviada se refundía entre sueños, fracasos, ilusiones, imposibles, rostros lejanos, cervezas amargas.
Esta tarde con amenaza de lluvia me trae a mi mente los cigarrillos que inundaban con su humo denso mi vista y mis pulmones y me hacían toser, o sentirme melancólico, o llorar un poco en silencio en medio de la indiferencia del mundo que se cruzaba por mi camino.
Esta tarde fría y nublada me devuelve al pasado donde a esta hora iniciaba mis travesías por el centro, leía, miraba, escríbía, aunque realmente no hacía ninguna de esas, poco miraba, poco escribía y poco leía, porque intentando hacer todo eso me tropezaba con la torpeza de mi mente, que no era capaz de hacer esas tres cosas al mismo tiempo y bien.
Alguna vez pensé que esas tardes no acabarían o que quedaría condenado a repetirlas durante toda mi vida. Pero se esfumaron y no me di cuenta.
Y quizá las extrañe, o quizá no, quizá solo recuerde y evoque, pero sin querer realmente volver a ellas, aunque tarde como estas me recuerdan la lluvia fría que bajaba por mi cabeza en las tardes de los sábado en la candelaria, o cerca a ella, o más al norte, o más al oeste, y tal vez necesite mojar mis sienes con esas gotas, escuchando en mi viejo walkman las canciones de mis cassettes que ahora reposan en una gaveta olvidada, para volver a ellas y quedarme allí por el resto de mi vida.
esuchando una canción que me recuerda esas tardes, cuando ya la noche entraba y las luces se hacían pequeñas vibraciones en miles de ventanas
Cenizas, Duncan Dhu
Esta tarde con amenaza de lluvia me trae a mi mente los cigarrillos que inundaban con su humo denso mi vista y mis pulmones y me hacían toser, o sentirme melancólico, o llorar un poco en silencio en medio de la indiferencia del mundo que se cruzaba por mi camino.
Esta tarde fría y nublada me devuelve al pasado donde a esta hora iniciaba mis travesías por el centro, leía, miraba, escríbía, aunque realmente no hacía ninguna de esas, poco miraba, poco escribía y poco leía, porque intentando hacer todo eso me tropezaba con la torpeza de mi mente, que no era capaz de hacer esas tres cosas al mismo tiempo y bien.
Alguna vez pensé que esas tardes no acabarían o que quedaría condenado a repetirlas durante toda mi vida. Pero se esfumaron y no me di cuenta.
Y quizá las extrañe, o quizá no, quizá solo recuerde y evoque, pero sin querer realmente volver a ellas, aunque tarde como estas me recuerdan la lluvia fría que bajaba por mi cabeza en las tardes de los sábado en la candelaria, o cerca a ella, o más al norte, o más al oeste, y tal vez necesite mojar mis sienes con esas gotas, escuchando en mi viejo walkman las canciones de mis cassettes que ahora reposan en una gaveta olvidada, para volver a ellas y quedarme allí por el resto de mi vida.
esuchando una canción que me recuerda esas tardes, cuando ya la noche entraba y las luces se hacían pequeñas vibraciones en miles de ventanas
Cenizas, Duncan Dhu
Thursday, September 01, 2011
Donde es...
Está en el riachuelo que baja por la calle silenciosa,
en los ojos acuosos del niño callejero con el rostro sucio,
en las montañas solitarias que nos miran desde el cielo,
en el miedo del perro flaco que intenta cruzar,
por entre carros ruidosos y hollín tóxico.
Está donde el frío y el viento nos obligan a abrigarnos,
donde el pelo revolotea al compás de las copas de los árboles,
donde el silbido del pájaro se confunde con el del la brisa,
donde nuestro cuerpo es polvo y tierra.
Está en la mirada de mi abuelo,
en sus manos resecas y grandes que toman mi mano,
en su andar tosco y plano,
sobre sus zapatos grandes, puntudos y brillantes,
y en sus lagrima cuando la despedida llegaba,
cuando la soledad de nuevo lo abrazaba,
pero yo no estoy ahí,
y quizá por eso lloro,
y quizá por eso extraño,
y quizá por eso el desánimo,
y quizá por eso el caminar lento,
y la tristeza,
y la falta de voluntad,
en los ojos acuosos del niño callejero con el rostro sucio,
en las montañas solitarias que nos miran desde el cielo,
en el miedo del perro flaco que intenta cruzar,
por entre carros ruidosos y hollín tóxico.
Está donde el frío y el viento nos obligan a abrigarnos,
donde el pelo revolotea al compás de las copas de los árboles,
donde el silbido del pájaro se confunde con el del la brisa,
donde nuestro cuerpo es polvo y tierra.
Está en la mirada de mi abuelo,
en sus manos resecas y grandes que toman mi mano,
en su andar tosco y plano,
sobre sus zapatos grandes, puntudos y brillantes,
y en sus lagrima cuando la despedida llegaba,
cuando la soledad de nuevo lo abrazaba,
pero yo no estoy ahí,
y quizá por eso lloro,
y quizá por eso extraño,
y quizá por eso el desánimo,
y quizá por eso el caminar lento,
y la tristeza,
y la falta de voluntad,
Wednesday, August 17, 2011
Iris
Iris ama su pelota, la toma entre sus patas, la bota contra la pared, luego al piso y al rato, rápidamente, la coge con su boca y la vuelve a subir sobre la cama. La ama, y solo piensa en ella y en la comida seca que está a su lado y en el platón del agua que siempre permance casi vacío y en su ruana roja sobre la cual se enrolla en las noches, en las mañanas y en las tardes.
Iris a veces piensa en Tilos, pero solo a veces, no más que lo que recuerda a su pelota pero si más que lo que evoca a Venus y a Musa a quienes no suele determinar. Orión le estoraba y le molesta hasta el tuétano, Odín es un gran chico peludo, lindo y extrovertido, pero aparte de esos adjetivos, no le inspira nada más. Bárbara es algo diferente, fue madre como ella, pero ya hace mucho, y aunque comparten esa notoria semejanza, las edades las separan y por ende no se la llevan de a mucho.
Iris, deja su pelta, pasa a la comida y se mete algunas pepas de CatChow a la boca, luego toma agua, unos cuantos lengüetazos y por últmo golpea su pelta café de tela que era antes un ratón, y lo deja en un rincón. Ya es tarde y su ruana roja la espera para una plácida noche.Pero antes, para poder descansar realmente, orina un poco sobre la cama y sale pitada para no ser castigada por su travesura. Al poco rato ya duerme tranquil y sosegadamente.
Escuchando String Quartet No. 4 de Philip Glass
Iris a veces piensa en Tilos, pero solo a veces, no más que lo que recuerda a su pelota pero si más que lo que evoca a Venus y a Musa a quienes no suele determinar. Orión le estoraba y le molesta hasta el tuétano, Odín es un gran chico peludo, lindo y extrovertido, pero aparte de esos adjetivos, no le inspira nada más. Bárbara es algo diferente, fue madre como ella, pero ya hace mucho, y aunque comparten esa notoria semejanza, las edades las separan y por ende no se la llevan de a mucho.
Iris, deja su pelta, pasa a la comida y se mete algunas pepas de CatChow a la boca, luego toma agua, unos cuantos lengüetazos y por últmo golpea su pelta café de tela que era antes un ratón, y lo deja en un rincón. Ya es tarde y su ruana roja la espera para una plácida noche.Pero antes, para poder descansar realmente, orina un poco sobre la cama y sale pitada para no ser castigada por su travesura. Al poco rato ya duerme tranquil y sosegadamente.
Escuchando String Quartet No. 4 de Philip Glass
Tuesday, August 16, 2011
16/08/2011
Una paloma agonizante desencajó todo, estaba agazapada al lado de la puerta de una casa, con el plumaje sucio y húmedo, con los ojos cerrados, con el jadeo característico de un moribundo intentando respirar los últimos vapores de vida, con el pico abierto y burbujeante.
Triste escena de la sed que la muerte causa, ignorada por el mundo, sin una pizca de agua que aminorara el sufrimiento de la garganta seca y estéril, sin una gota de compasión, sin lágrimas por la partida hacia el túnel desconocido, sin herencia, ni herederos, sin ritual, ni cánticos. Queda muy lejos las mañanas en la plaza, picoteando y picoteando, y volando de la iglesia al capitolio y de nuevo a la plaza y de nuevo volando, con viento, con la brisa, con el tiempo que no acababa, no era poco, ni mucho, solo era parte de todo, de la felicidad de la libertad, de la alegría de poder volar, y no conocer que las horas pasan, y la sombra cubre con su agonía lo inevitable, lo insalvable.
Tuesday, August 09, 2011
cuando la bolsa se cerró
Y cuando la bolsa se cerró sobre ellos, el general Paulus supo que estaba solo, ni los Junkers Ju52, ni las ordenes imprecisas de la guarida del lobo, ni el intento de liberación que se prometía por parte del general Eric Von Manstein, iban a salvarlos de la "caldera de fuego", ahora solo dependía de su juicio, que entre cosas, estaba alterado.
Tuesday, August 02, 2011
Mentiras.
"El hombre vestía un traje gris, arrugado, como su rostro que mostraba que su edad rondaba los 60 años. Bigote canoso, pelo corto, crespo, pómulos sobresalientes y labios finos, afilados. No era atractivo, tampoco su vestido estaba bien cuidado y el maletín que llevaba era algo viejo, desteñido. Estaba de pie, acodado en la ventana de atrás del transmilenio, un J23 y hablaba por celular con tranquilidad pero sin elegancia.
"Que cosa tan tremenda, ¿no? de cinco puestos que asignaron cuatro fueron para mujeres, ¡cuatro!, eso es mucho, como si no hubiera hombres más capaces"
El transmilenio arrancó y no alcancé a escuchar nada más, pero ciertamente no terminó muy bien porque un par de mujeres que iban a su lado lo miraron muy mal.
Luego no me interesé más en el sujeto, hasta que a la altura de la estación de La Sabana, por la calle 13, sonó el timbre de un celular, la clásica canción de los Eagles Hotel California. Contestó el sujeto de vestido arrugado y bigote canoso:
- "¿alo?"
Su rostro tuvo un cambio de expresión repentino, como si la llamada fuera inesperada.
-"No señor, si, si señor, si, si, si, desde hace un par de días me encuentro fuera de Bogotá, aja, si, nada importante, pero igual no puedo volver hasta dentro de 10 días más o menos. Claro, yo lo llamo tan pronto llegue. Si señor, si, obvio...Un abrazo y espero su esposa se mejore".
La gente lo miraba, pero él no daba la menor importancia, pareciera que lo tuviera planeado hace mucho o que ya fuera una costumbre pues su frente no sudó, ni su tono de voz cambió, y aparte de su repentino cambio de expresión, nada más sucedió en él. Seguí mirándolo recordando las miles de mentiras que había dicho a lo largo de mi vida "¿así me veré yo, ahora que soy un mejor mentiroso?". Me avergoncé mucho sintiendo mi cara igual de arrugada a la del sujeto, como si cada mentira fuera un cicatriz que se fuera quedando poco a poco en cada centímetro de mi piel.
Al rato llegamos a la estación de La Jiménez, que siempre estaba abarrotada de gente. El sujeto iba alistándose poco a poco y yo también me desacodé y me preparaba para salir del bus cuando de un momento a otro, mientras todos nos hacíamos contra la puerta de salida el sujeto abrió tremendamente los ojos y codeando y empujando intentaba infructuosamente abrirse paso hacia la mitad del bus. El bus paró, abrió las puertas y todos salimos vomitados por cada una de las puertas, incluyendo el hombre de vestido gris arrugado.
-"Señor Pinilla"
Le dijo un hombre de tez muy blanca y pelo muy claro, parecía ruso.
-"Pláceme verlo tan pronto en Bogotá, pensé que su estadía en Cúcuta iba a demorarse 10 días más, pero vea, a veces el tiempo pasa muy rápido y no nos damos cuentas de eso. Permítame llevo su maletín, ha de estar usted muy cansado con ese viaje tan largo, todo el tiempo de pie".
Dos hombres muy grandes, demasiado grandes, le cerraron el paso en la puerta de la estación mientras la gente los empujaba sin éxito. Luego lo tomaron de cada uno de los brazos, y de manera muy disimulada lo fueron empujando a la salida de la estación mientras el hombre blanco los seguía desde atrás, llevando el maletín raído.
Salí detrás de ellos pero el tumulto no me dejaba ver mucho hasta que una vez en las registradoras de la entrada oriental vi como pasaban el semáforo de la Jimenez y el hombre ruso, adelante del señor pinilla y los dos hombres gigantes, abría las puertas de una camioneta negra y al poco rato, con todos los sujetos a bordo arrancaba hacia el occidente.
Al otro día, en el espacio leía un título rojo carmesí: "Lo degollaron y luego lo desmembraron" y luego en subtítulos "al lado de sus miembros solo encontraron una maletín negro vacío y un vestido gris que seguramente llevaba puesto al momento de ser asesinado".
Monday, August 01, 2011
El trombón y la flauta traversa.
Venús duerme, cerca de Orión, junto a Mabel, encima de la cama sencilla, del edredón verde de flores rojas. Y sus respiraciones se acompasan como orquesta, fuuu, fuu, canta Orión, cual trombón grande y grueso y más suave como flauta travera trina Venús, casi imperceptible, arrulllando el leve respiro de Mabel, que puede ser violín o a veces viola, o veces trombón, o aveces Venús o a veces Orión.
Sunday, July 24, 2011
I
Fueron 300.000 los muertos alemanes en la bolsa de Stalingrado y casi 1.000.000 por el lado de los rusos. Eso nos dijeron en las enciclopedias y en muchos libros que narran los hechos de esta sangrienta batalla, así como también que el odio de los rusos por los alemanes y al contrario, no permitió una salida justa, un acuerdo que permitiera haber dejado con vida más hombres inocentes antes de ser condenados a ser parte de esta carnicería.
Mi abuelo estuvo allí y luego más allá, en Siberia, a donde fueron llevados los pocos sobrevivientes que se rindieron y que no fueron aniquilados por las enfermedades y el hambre que fueron el común en las largas marchas en esas tierras desconocidas y desalentadoras.
Aún recuerdo el día que abrí el viejo baúl que descansaba plácida y silenciosamente en el desván de mi abuela, y en donde, amarillas y amarradas con cintas de seda negra, las cientos de hojas no decían nada, solo callaban dejando hablar a otros miles y miles de documentos y fotos que rodaban en el mundo mostrando de una u otra manera lo que habían sido esos cinco meses. Pero esta historia, para mí, era parte de lo que yo era ahora y de lo que seguramente sería más adelante, fue la revelación de incógnitas que llevaba a cuestas y que hasta el momento no tenía ninguna pista para su resolución, fue el milagro que llegó tarde desafortunadamente, pero como dicen por ahí, preferible tarde que nunca.
Tuesday, June 14, 2011
Efecto de tarde de viernes
No tengo ganas de pensar, preferiría leer el periódico como lo está haciendo en este momento mi jefe, quien definitivamente se nota que solo quiere hacer eso a esta hora, pero que por la cuestión de imagen tiene que dejarlo cuando ve que alguien se acerca a su puesto, como me tocó a mi dejar el libro de Murakami cuando mi vecina se paró de silla para colgar la chaqueta y muy disimuládamente volteaba los ojos para pillarme en la lectura. Podría pensar en irme al baño y leer un poco, tal vez nadie me extrañaría en un par de horas, pero sería raro que me vieran entrar allí con un libro tan grueso y luego volver si ningún papel tipo circular o cuaderno que mostrara que estuviera en una reunión. Podría entonces llevar el cuaderno y el libro, y quedarme allí desde ahora hasta media hora antes de salir. ¿y lo qué debo hacer? Son muchas cosas, pero así tan distraido como estoy seguramente no haría más de dos cosas elementales, lo que podría hacer en 1 hora un día más productivo. Son las 2:45 y aún restan 3 horas y 15 minutos para salir. Bastante tiempo en esta quietud tan molesta y aún no me decido si irme al baño por ese par de horas.
Wednesday, June 08, 2011
1000 pastillas de valium
cuando se hace todos los día lo que no se quiere es indipensable cambiar a menudo para no terminar intoxicado con 1000 pastillas de valium
dos mujeres feas y embarazadas
Eran dos mujeres embarazadas. Ocupaban sillas azules del transmilenio, una detrás de la otra, ninguna se percataba de la mutua presencia. Una de ellas era joven, de poco maquillaje, de pelo largo y algo ondulado, usaba lentes, era muy delgada, y al final de la estación, una vez nos bajamos, demostraba ser muy baja. Era fea en todo caso, igual que la segunda mujer. Me preguntaba con esos dos casos si era posible que hombres se fijaran en ellas y las dejaran preñadas o si con ellas ocurría el caso de alguna mujeres en cinta que por su estado empiezan a perder la belleza que las caracterizaba. La otra mujer era mayor, de unos 40 años, también de pelo claro, evidéntemente pintado, con senos grandes y desagradables, llenos de granos y venitas pequeñas por todo lado, su cara estaba igualmente brotada, sus cejas delgadas y pintadas no tenían gracia, sus pómulos eran muy gruesos, como sus labios, como su boca, como sus párpados. Tenía un rosario en la mano y estaba sin maquillaje alguno como la mujer más joven. La joven, que en este caso llamaremos Cindy iba somnolienta, mientras que Rubi, la segunda mujer, mostraba más interés en lo que pasaba dentro y fuera del bus.
Al poco rato Rubi sacó de su bolso una cartera y de allí una cajita de polvos para la cara, ciertamente los necesitaba. Empezó su rutina poco a poco, retocando sus granitos con delicadeza, con lentitud, teniendo cuidado de parar cuando el bus iba muy rápido y los baches lo hicieran saltar bruscamente. Cindy seguía adormilada, con su pequeña barriga bamboleándose al ritmo de los huecos de la calle. Tenía algunos granos también, pero eran muy pocos en comparación con los de la cara de Rubi. El labio inferior era muy grueso, y sus pestañas muy pocas, algo largas pero apagadas y tristes, como si en tierra árida hubiesen algunas hebras de yerba a punto de morir. Rubi, ya iba en el lápiz de ojos, marrón óscuro, delineando el borde de cada uno de los párpados. Se concentraba mucho en ello, para no cometer error alguno. A esa altura el tráfico era pesado y el bus iba realmente lento, parando en muchas ocasiones, haciendo que todos los pasajeros, que iban en su mayoría solos, se fueran durmiendo poco a poco. El trayecto se hacía pesado, largo, caluroso, y siendo martes después de festivo, se mostraba más denso que todo el resto de días.
A los pocos minutos, cuando Rubi miraba su celular al igual que Cindy, se subió un hombre anciano, con muchos años, decrépito, con bastón y una gorra cubriendo su blanca cabeza. Tenía lentes oscuros y sus manos callosas estaban marcadas por años de trabajo. Su baja estatura mostraba debilidad y siendo así, una vez se había bajado la persona que estaba al lado de Rubí, tomó ese lugar sin alguna contemplación. Aunque era una mujer más joven, y sus senos se veían mucho, el anciano no se percató de la presencia de Rubi y lo que hizo más bien fue sentarse hacia el borde del asiento que le correspondía. El bus siguió avanzando, algo más rápido pasando por la zona de los prostíbulos del centro, el calor no mermaba y aunque no iba lleno el sopor seguía adormilando los pasajeros. De una momento a otro se escuchó la voz del anciano, casi gritando, estalló en una sucesión de insultos que por sus lentes no se sabía hacia quien iban dirigidos. Parecía loco, hablando solo en medio de tanta gente y dada su edad, era muy probable que tuviera el coco al revés. Pero después de los insultos iniciales Rubi, sin mirarlo siquiera, dijo, "pues no mire, nadie le dijo que mirara". En ese momento peinaba su pelo con un peine de color azul y dientes gruesos. El anciano vociferó, "eso que está haciendo es asqueroso, maleducado, debería hacerlo en su casa antes de salir". "Coja un taxi entonces si no quiere verlo", replicó muy molesta Rubi. Su barriga se movía mucho más rápido que antes y la gente alrededor, dormida como estaba, no entendía nada de lo que estaba ocurriendo. El anciano mascullaba entre dientes palabras que ya no se entendían, ciértamente molesto por la sesión de cepillado de pelo de Rubi y que pensándolo bien, tenía algo de razón, si aquella mujer tenía piojos, o alguna porquería en su cabeza, de esa manera estaba pasándonolos a todos los que íbamos allí.
En la siguiente parada la silla de atrás se desocupó y el anciano en un acto ágil de evidente desespero y repugnancia se pasó tan rápido que una mujer que estaba más cerca no alcanzó a tomar dicho puesto. Rubi sacó un tarro de perfume barato y se lo aplicó en su cuello y en sus senos, luego guardó todo en su bolso y con cierta ironía volvió a repetir lo del taxi mientras acariciaba su muy pequeña barriga. Cindy, apenas se despertaba, con cara molesta, con su pelito desabrido cubriéndolo algo los ojos, con su vieja chaqueta y con su pequeña vida dispuesta a reiniciar su trabajo de escribiente en un juzgado del centro de la ciudad. El bus se vació más tarde y Rubi salió de allí rápido, siguiendo con sus ironías que nadie entendía mientras el viejo cojeaba poco a poco al lado de ella y repetiendo, "Rubi, eso que hizo allí fue realmente asqueroso, muy asqueroso".
Al poco rato Rubi sacó de su bolso una cartera y de allí una cajita de polvos para la cara, ciertamente los necesitaba. Empezó su rutina poco a poco, retocando sus granitos con delicadeza, con lentitud, teniendo cuidado de parar cuando el bus iba muy rápido y los baches lo hicieran saltar bruscamente. Cindy seguía adormilada, con su pequeña barriga bamboleándose al ritmo de los huecos de la calle. Tenía algunos granos también, pero eran muy pocos en comparación con los de la cara de Rubi. El labio inferior era muy grueso, y sus pestañas muy pocas, algo largas pero apagadas y tristes, como si en tierra árida hubiesen algunas hebras de yerba a punto de morir. Rubi, ya iba en el lápiz de ojos, marrón óscuro, delineando el borde de cada uno de los párpados. Se concentraba mucho en ello, para no cometer error alguno. A esa altura el tráfico era pesado y el bus iba realmente lento, parando en muchas ocasiones, haciendo que todos los pasajeros, que iban en su mayoría solos, se fueran durmiendo poco a poco. El trayecto se hacía pesado, largo, caluroso, y siendo martes después de festivo, se mostraba más denso que todo el resto de días.
A los pocos minutos, cuando Rubi miraba su celular al igual que Cindy, se subió un hombre anciano, con muchos años, decrépito, con bastón y una gorra cubriendo su blanca cabeza. Tenía lentes oscuros y sus manos callosas estaban marcadas por años de trabajo. Su baja estatura mostraba debilidad y siendo así, una vez se había bajado la persona que estaba al lado de Rubí, tomó ese lugar sin alguna contemplación. Aunque era una mujer más joven, y sus senos se veían mucho, el anciano no se percató de la presencia de Rubi y lo que hizo más bien fue sentarse hacia el borde del asiento que le correspondía. El bus siguió avanzando, algo más rápido pasando por la zona de los prostíbulos del centro, el calor no mermaba y aunque no iba lleno el sopor seguía adormilando los pasajeros. De una momento a otro se escuchó la voz del anciano, casi gritando, estalló en una sucesión de insultos que por sus lentes no se sabía hacia quien iban dirigidos. Parecía loco, hablando solo en medio de tanta gente y dada su edad, era muy probable que tuviera el coco al revés. Pero después de los insultos iniciales Rubi, sin mirarlo siquiera, dijo, "pues no mire, nadie le dijo que mirara". En ese momento peinaba su pelo con un peine de color azul y dientes gruesos. El anciano vociferó, "eso que está haciendo es asqueroso, maleducado, debería hacerlo en su casa antes de salir". "Coja un taxi entonces si no quiere verlo", replicó muy molesta Rubi. Su barriga se movía mucho más rápido que antes y la gente alrededor, dormida como estaba, no entendía nada de lo que estaba ocurriendo. El anciano mascullaba entre dientes palabras que ya no se entendían, ciértamente molesto por la sesión de cepillado de pelo de Rubi y que pensándolo bien, tenía algo de razón, si aquella mujer tenía piojos, o alguna porquería en su cabeza, de esa manera estaba pasándonolos a todos los que íbamos allí.
En la siguiente parada la silla de atrás se desocupó y el anciano en un acto ágil de evidente desespero y repugnancia se pasó tan rápido que una mujer que estaba más cerca no alcanzó a tomar dicho puesto. Rubi sacó un tarro de perfume barato y se lo aplicó en su cuello y en sus senos, luego guardó todo en su bolso y con cierta ironía volvió a repetir lo del taxi mientras acariciaba su muy pequeña barriga. Cindy, apenas se despertaba, con cara molesta, con su pelito desabrido cubriéndolo algo los ojos, con su vieja chaqueta y con su pequeña vida dispuesta a reiniciar su trabajo de escribiente en un juzgado del centro de la ciudad. El bus se vació más tarde y Rubi salió de allí rápido, siguiendo con sus ironías que nadie entendía mientras el viejo cojeaba poco a poco al lado de ella y repetiendo, "Rubi, eso que hizo allí fue realmente asqueroso, muy asqueroso".
Wednesday, May 25, 2011
Un breve momento
Por un momento, solo uno breve, miro de otra manera a quienes he criticado tan fuertemente, alentado en algunos momentos por la envidia y en otros porque definitivamente existen méritos para que sean vapuleados. Hoy el turno fue para alguien que quiere ser escritor o que quizá ya lo sea y yo odie aceptarlo. Lo vi con ojos humanos, pero más que humanos, con ojos de un desconocido que no sabe que hace. Y vi a un hombre de ademanes inquietos, sencillos, en algunos puntos infantiles, como muchos de los míos. También vi su sonrisa achicharrada, como si hubiese sido frita en aceite negro, quizá hubiese sido el café de muchos años en una oficina o quizá el efecto del cigarrillo que alguna vez fumó, porque nunca lo he visto con uno. Sonrisa café y todo, pero sonrisa sincera, como de niño. Su pelo cortado a la perfección ya deja ver canas, y es entonces cuando veo como sus ojos cansados no quieren estar donde están ahora, sino intentan buscar, de manera desesperada, como anticipando un fin prematuro, un sueño aún irrealizable. Pero no muestra su despespero de manera tosca, siempre sonríe, tímido, eufórico a veces, camina algo cojo pero con gracia, contradice pero sin mirar con odio, ruega pero de manera silenciosa.
Me cuesta verlo así, y quizá mañana ya lo vea de nuevo de manera detestable, pero antes de que eso pase debo reconocer que si es escritor, y que admira y comparte y no es odioso, ni vengativo, ni rencoroso, algunas veces egocentrista, será lo único, pero acaso, ¿quién no lo intenta ser?
Al fondo Flamme Im Wind de Lacrimosa
Me cuesta verlo así, y quizá mañana ya lo vea de nuevo de manera detestable, pero antes de que eso pase debo reconocer que si es escritor, y que admira y comparte y no es odioso, ni vengativo, ni rencoroso, algunas veces egocentrista, será lo único, pero acaso, ¿quién no lo intenta ser?
Al fondo Flamme Im Wind de Lacrimosa
Sunday, May 22, 2011
más burocracia o el miedo al desempleo
Ahora hay una nuevo mecanismo más de seguridad para entrar a la oficina.
Recuerdo que recién llegué aquí tenía un carnet rojo y blanco, algo feo y tosco, aún el banco no le daba mucha trascedencia a sus empleados con campañas para que se motivaran y valoraran la oportunidad de trabajar en un banco extranjero. El portero o la portera se daban una semana para conocer a la gente, luego de este tiempo presentar el carnet era un rareza, y si se olvidaba por algún evento no premeditado y por una excepción lo solicitaban no había problema, solamente se daba un guiño con el ojo y una frase como "pero mañana lo traes, seguro". Y así quedaba el asunto, se llegaba a un acuerdo cordial sin necesidad de ningún elemento burocrático.
Pero poco a poco, y a través de algo que en los bancos es característicos hasta la saciedad, empezaron a abrumarnos las políticas, por todo lado mensajes indicaban que "el carnet es de uso obligatorio por empleados del banco, outsourcings y temporales". La entrada empezaba a ser acreditada con un pedazo de plástico, algunos sin fotos, que el vigilante medio miraba, o sea, un simple requisito que no redundaba en mayor seguridad. Las posibilidades de olvido eran altas, pero todavía se podía negociar comprometiéndose a traer el carnet al día siguiente. La palabra aún tenía algo de valor.
Pero esto ya es historia antigua, ahora las cosas, la entrada, todo es insoportable. Ahora no es solo el carnet, si uno lleva una mochila esta tiene que ser revisada de manera exigua, por mero requisito, por total burocracia e imagino que por alguna política creada por un imbécil que está dedicado todo el tiempo a eso. ¿mayor seguridad? ¿mayor orden? No lo creo, el que quiera ingresar un arma o una bomba o lo que sea no va a ser tan estúpido de hacerlo en una simple maleta a la vista del portero. Eso es una lógica que cualquier persona con tres dedos de entendimiento puede deducir. Pero no olvidemos que los trámites, burocracia y papeleo no son hechos por las mentes más hábiles en una organización. Esto nos indica quienes son los que mandan en este mundo, quienes son los que dirigen las organizaciones sobre las cuales se apalanca el crecimiento de un país (preguntémonos en este punto quienes son los que han creado las grandes empresas mundiales, un google, un apple, un yahoo, cargos políticos con recomendación a bordo o mentes creativas y libres de reglas que merman la capacidad creadora?)
Y volviendo al carnet, ¿que sucede ahora si lo olvido? Ya la palabra no vale, ni el conocimiento de la persona, la confianza ha decaido y el discurso acerca de la seguridad y la geuerra contra el terrorismo producen un pánico y una paranoia total. Si lo olvido no puedo entrar, salvo que un correo (estamos en el mundo de los correos electrónicos) de mi jefe lo autorice. Si el no se encuentra por alguna reunión burocratica (esta palabra ya me empieza a cansar) entonces no puedo ingresar, no vale nada, ni siquiera una llamada de él. Es preferible perder la productividad de un empleado sentado en el sofá de la entrada por un tenue olvido que negociar un ingreso temporal basado en lo que antes tenía valor: la palabra.
Recuerdo que recién llegué aquí tenía un carnet rojo y blanco, algo feo y tosco, aún el banco no le daba mucha trascedencia a sus empleados con campañas para que se motivaran y valoraran la oportunidad de trabajar en un banco extranjero. El portero o la portera se daban una semana para conocer a la gente, luego de este tiempo presentar el carnet era un rareza, y si se olvidaba por algún evento no premeditado y por una excepción lo solicitaban no había problema, solamente se daba un guiño con el ojo y una frase como "pero mañana lo traes, seguro". Y así quedaba el asunto, se llegaba a un acuerdo cordial sin necesidad de ningún elemento burocrático.
Pero poco a poco, y a través de algo que en los bancos es característicos hasta la saciedad, empezaron a abrumarnos las políticas, por todo lado mensajes indicaban que "el carnet es de uso obligatorio por empleados del banco, outsourcings y temporales". La entrada empezaba a ser acreditada con un pedazo de plástico, algunos sin fotos, que el vigilante medio miraba, o sea, un simple requisito que no redundaba en mayor seguridad. Las posibilidades de olvido eran altas, pero todavía se podía negociar comprometiéndose a traer el carnet al día siguiente. La palabra aún tenía algo de valor.
Pero esto ya es historia antigua, ahora las cosas, la entrada, todo es insoportable. Ahora no es solo el carnet, si uno lleva una mochila esta tiene que ser revisada de manera exigua, por mero requisito, por total burocracia e imagino que por alguna política creada por un imbécil que está dedicado todo el tiempo a eso. ¿mayor seguridad? ¿mayor orden? No lo creo, el que quiera ingresar un arma o una bomba o lo que sea no va a ser tan estúpido de hacerlo en una simple maleta a la vista del portero. Eso es una lógica que cualquier persona con tres dedos de entendimiento puede deducir. Pero no olvidemos que los trámites, burocracia y papeleo no son hechos por las mentes más hábiles en una organización. Esto nos indica quienes son los que mandan en este mundo, quienes son los que dirigen las organizaciones sobre las cuales se apalanca el crecimiento de un país (preguntémonos en este punto quienes son los que han creado las grandes empresas mundiales, un google, un apple, un yahoo, cargos políticos con recomendación a bordo o mentes creativas y libres de reglas que merman la capacidad creadora?)
Y volviendo al carnet, ¿que sucede ahora si lo olvido? Ya la palabra no vale, ni el conocimiento de la persona, la confianza ha decaido y el discurso acerca de la seguridad y la geuerra contra el terrorismo producen un pánico y una paranoia total. Si lo olvido no puedo entrar, salvo que un correo (estamos en el mundo de los correos electrónicos) de mi jefe lo autorice. Si el no se encuentra por alguna reunión burocratica (esta palabra ya me empieza a cansar) entonces no puedo ingresar, no vale nada, ni siquiera una llamada de él. Es preferible perder la productividad de un empleado sentado en el sofá de la entrada por un tenue olvido que negociar un ingreso temporal basado en lo que antes tenía valor: la palabra.
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