Tuesday, February 23, 2010
Bajo las riendas
El día hoy ha sido pesado. 5 a.m., ya estoy despierto, no he podido dormir nada, quizá un par de horas o menos, la humedad se me metía por el hocico y casi no podía respirar, además el estómago me tenía mortificado, un par de zanahorias fue mi comida del día anterior y algunas hebras de hierba seca de un jardín de uno de los barrios de ricos que visitamos una vez por semana. Estoy sucio, lleno de barro, esta vida es triste, y creo no poder hacer mucho para salir de ella.
Saturday, February 20, 2010
Y el olor del perfume continúa
Cada día que pasa le tengo menos fe a este blog, ya no propone nada, no cambia nada, tampoco es leído y cuando un escrito no es leído es como si no existiera, como los libros que son solo utilizados como parte del ornamento de una casa.
Me estoy convenciendo que más que un escritor soy el personaje de una tragicomedia de un cuento urbano, de la crisis de la modernidad. Alguna vez mi amigo D. me lo dijo, hace ya varios años, que sería digno de una novela o de una narración, que sería un personaje sucio, puerco, el reflejo de esas cosas que casi todos hacen pero al mismo tiempo casi siempre esconden. Obvio, no soy tan interesante en el sentido de ser realmente único, soy supremamente vulgar, demasiado corriente, pero con unos momentos de extravagancia que combinada con mis ideas idiotas forman algo como un jekyll al 60% de su día y un Hyde el resto de tiempo. Claro, eso es de todos, las múltiples facetas, las caretas de diferentes colores, aromas y texturas, sin embargo algo especial, y que no quiere decir bueno, contamina mi vida.
El desorden de los últimos dos años me tiene un poco asustado, siento como si se estuviera cerrando el nudo alrededor de mi cuello, como si el cuento que protagonizo estuviera en su punto álgido, en la cima (o en le profundidades) de la entropía, el poco dinero que me entra se evapora fácilmente y ni una gota de ese vapor queda en mis bolsillos, odio los banco como siempre, ahora más que les debo cada centavo que me gano en un trabajo rutinario y algo aburrido, el licor tiende a acompañarme, junto a la mentira y un soledad maligna. Agreguémole ideas peligrosas sobre motines, revolución, atentados y demás, hordas de recuerdos recurrentes y fuertes que no se van, además de un fatalismo enorme que viene, creo, de una envidia y un resentimiento en crescendo....Espero sea esto una exageración pero creo que pronto sabré si lo es o si al contrario es una mínima aproximación de lo que sucederá.
Escuchando One de U2
Me estoy convenciendo que más que un escritor soy el personaje de una tragicomedia de un cuento urbano, de la crisis de la modernidad. Alguna vez mi amigo D. me lo dijo, hace ya varios años, que sería digno de una novela o de una narración, que sería un personaje sucio, puerco, el reflejo de esas cosas que casi todos hacen pero al mismo tiempo casi siempre esconden. Obvio, no soy tan interesante en el sentido de ser realmente único, soy supremamente vulgar, demasiado corriente, pero con unos momentos de extravagancia que combinada con mis ideas idiotas forman algo como un jekyll al 60% de su día y un Hyde el resto de tiempo. Claro, eso es de todos, las múltiples facetas, las caretas de diferentes colores, aromas y texturas, sin embargo algo especial, y que no quiere decir bueno, contamina mi vida.
El desorden de los últimos dos años me tiene un poco asustado, siento como si se estuviera cerrando el nudo alrededor de mi cuello, como si el cuento que protagonizo estuviera en su punto álgido, en la cima (o en le profundidades) de la entropía, el poco dinero que me entra se evapora fácilmente y ni una gota de ese vapor queda en mis bolsillos, odio los banco como siempre, ahora más que les debo cada centavo que me gano en un trabajo rutinario y algo aburrido, el licor tiende a acompañarme, junto a la mentira y un soledad maligna. Agreguémole ideas peligrosas sobre motines, revolución, atentados y demás, hordas de recuerdos recurrentes y fuertes que no se van, además de un fatalismo enorme que viene, creo, de una envidia y un resentimiento en crescendo....Espero sea esto una exageración pero creo que pronto sabré si lo es o si al contrario es una mínima aproximación de lo que sucederá.
Escuchando One de U2
Monday, February 08, 2010
Peldaño de la resistencia
Mientras el mundo siga así no podré ser nunca feliz. Vivir o morir, así debe ser.
Tuesday, February 02, 2010
Purpura y Gris (inconcluso)
Escrito hace varios años
Anochecía y me desponía como siempre a mirar el correo, en espera de esa carta que nunca iba a llegar. Algo así como el coronel en el libro de García Márquez, solo que yo era más compulsivo en esa acción, razón por la cual revisaba diariamente el buzón. Esta vez, al igual que las otras, el mensaje azul en la pantalla aparecía burlonamente diciendo "no tiene ningún mensaje". Salí de allí con cierta melancolía y ya antes de acostarme eché un vistazo a una página de esas que dan la oportunidad de entablar una amistad: "por qué no?, igual no voy a pagar para conocer a alguien. Igual nadie me va a interesar". Terminé pagando la suscripción por una muchacha llamada M. Algunas palabras insulsas destacando mi estado anímico tan bajo fue lo que contenía el escrito que le envié; Un mensaje lanzado desde esa isla solitaria de mi existencia hacia un mar callado y quieto. Por fin, cansado de mirar nimiedades, decidí ir a mi lecho. No tenía ni la más mínima idea de que aquella noche sería la más larga de mi vida, de que nadaría durante un mes entre lagos oníricos donde rosotros incandescentes se avistarían como puntas de icebergs, donde subiría por escaleras infinitas, sin barrotes y oscuras, donde vería a mi amada fiel y bella recostada sobre mi pecho Suspira de esa forma, querida Dama, donde sería un poeta loco y suicida, donde el néctar de los dioses del Olimpo y la hierba sagrada de las deidades de los Incas serían la prueba más irrefutable de que el amor (y con e el miedo y la ansiedad) por fin me tocaría en todo su esplendor.
Como le decía, esas palabras fueron el inicio de sentir pues M. (a los que no entienden disculpas de antemano. Con M. hago referencia a M., mi amada) empezó a sumergirse en mis pesadillas, para hacer parte de todos esos lugares que sueño constantemente y que por esa razón los adjudico ya a mi realidad. Ahora, se preguntaran como vi la agitación de mi cuerpo siendo que uno mismo no se puede ver corporalmente. Yo tampoco lo se y me lo pregunto tanto que me enredo más. Pero vagamente le atribuyo a eso una especie de desdoblamiento que tuvo lugar en los momentos en mis brazos, mi cabez y mis piernas se contorneaban violentamente. Era como un escape que mi alma se obligaba a tener que hacer, quizá por el miedo a ser carbonizada por la pasión tan desgarradora que me cubría en algunos instantes. Solo se eso y ya no daré más explicaciones del hecho aún cuando quedo insatisfecho. Si siguen incrédulos pues tendrán que inventar alguna razón o bienl, estudiar alguna teoría neuronal. De esas hay muchas.
Después de que leí su mensaje que me había entregado un ser de rostro negro (casi como yo), mi corazón palpito anormalemente: era rápido, pero a los pocos segundos se paraba y solo volvía en si cuando releía la carta. Veía como de nuevo se perdía en la bruma y como yo iba chapoteando entre charcos negros para alcanzarla e indagarle su identidad, pero yo era lento y ella en cambio caminaba apresurada, como si tuviera que volver a un monasterio o convento. Todo ese tiempo (tiempo recóndito y eclipsado por la locura e irracionalidad de ese mundo) estuve esperándola. Recuerdo que bajaba por largas escaleras, que abría puertas de lugares donde había vivido, que caminaba bajo la lluvia y de repente un lago enorme me tragaba. Se que estuve quieto pero también se que caí de un edificio y de que un avión enorme me arrolló. Me encontraba de nuevo en la puerta de una casa gigante y ahí fue cuando llegó el hombre de rostro negro. Me dio una carta enorme, pesada, larga, que tuve que llevar en una carretilla a un jardín cercano. donde el olor a manzanilla impregnaba todos los rincones (¡no había rincones!) y todos los demás arbustos. La abrí lentamente, con las manos humedas y llenas de sangre. Terroríficamente me empecé a dar cuenta como me estaba cubriendo de sangre, de mi propia sangre lo más terrorífico era que la sangre no manchaba el papel. Así que sin pensarlo dos veces comencé a leer la carta. Fue algo precioso, algo que sabría describir porque tristemente ese don de la escritura no me fue dado, ni siquiera en los sueños. Soñe que era un poeta (sueño entre sueños) y le escribí algunas palabras, símbolos raros sobre hojas quebradizas, rotas. Sellé aquello con una hoja de un árbol de eucalipto y luego se lo di al cartero, que extrañamente siempre miraba al suelo.
-¿Quien eres? - me atrevi a preguntar.
-Soy tu siervo, señor. Vuestro siervo.
-¿Vuestro siervo? - pregunté estupidamente.
-De la Señora y de vos.
y se fue. No lo vi durante algunos días, tiempo en el que empecé a tomar un aspecto como de uva pasa, arrugado y más negro. Me limitaba a caminar encontrándome seguidamente con mis compañeros de colegio en situaciones extrañas, en lugares que yo conocía pero que al mismo tiempo desconocía, sintiéndome extraviado, como en una selva de recuerdos, humeda y perversa. De un momento a otro escuché su voz:
-¿Juan Miguel?
-M., ¿eres tu? - grité, notando como mi voz era irreconocible.
-Si, soy yo. ¿Duermes?
-No lo se. Tal vez, pero se que no.
-¿Cómo lo sabes?
No lo sabía. Ni siquiera sabía donde estaba y asi poco a poco me quedé mudo. Vi como mis dientes se desprendían y como mi lengua se iba enrollando tercamente a través de mi garganta. Traigo a la memoria aquel instante en que toda la gente que me acompañaba corría en desbandada dejando solo sombras que se reflejaban en el espejo negro que componía la tierra. mostrando un aspecto siniestro. demonios ciegos y ebrios.
Pensé tal vez que nunca me había llamado, porque como saber si aquella voz fuerte y dulce era de ella, y si era de ella, que motivaba a tener la ilusión de que no me estaba confundiendo. En esas estaba cuando pasó un tren viejo y ya destartalado. No llevaba pasajeros, solo se veían maniquíes asomados a la ventana mostrando una mueca de un encanto extraño aunque bien se notaba que aquello era solamente el resultado de la mano de alguien, que los había dispuesto de tal forma, para tentar a los que se amontanaban en la orilla de la carrilera. El maquinista (que parecía real) se desmontó y me mostró su largo rostro, cual hoja de árbol de antaño. Era de estatura baja, sus bigotes adornaban los dos centímetros de su boca, poseía un solo ojo y los brazos caían de forma desproporcionada a lado, lado y lado (¡tres brazos!) de su delgado cuerpo. Entre todo ese montón de gente tenía que ser el elegido, pues con cautela se dirigió hacia el lugar donde me había parqueado y metiendo la mano en uno de sus bosillos sacó una piedrecilla que me entregó.
-Es de parte de la Señora M.
La cogí y leí dos símbolos que se inscribían en el centro de la roca:"Soy yo". El maquinista se devolvió hacia uno de los vagones y desde allí me guiñó el ojo y en seguida arrancó. Todo el mundo se fue y quedé de nuevo mudo, observando los rieles que eran de un color perlado traslúcido que dejaba entrever unas pequeñas laminillas doradas salpicadas de fino polvo blanco.
Me pusé en camino hacia la puerta de la casa gigante donde siempre me esperaba el cartero anónimo . Pero en esa oscuridad tan densa tomé un camino equivocado y cuando me di cuenta ya era demasiado tarde.
Anochecía y me desponía como siempre a mirar el correo, en espera de esa carta que nunca iba a llegar. Algo así como el coronel en el libro de García Márquez, solo que yo era más compulsivo en esa acción, razón por la cual revisaba diariamente el buzón. Esta vez, al igual que las otras, el mensaje azul en la pantalla aparecía burlonamente diciendo "no tiene ningún mensaje". Salí de allí con cierta melancolía y ya antes de acostarme eché un vistazo a una página de esas que dan la oportunidad de entablar una amistad: "por qué no?, igual no voy a pagar para conocer a alguien. Igual nadie me va a interesar". Terminé pagando la suscripción por una muchacha llamada M. Algunas palabras insulsas destacando mi estado anímico tan bajo fue lo que contenía el escrito que le envié; Un mensaje lanzado desde esa isla solitaria de mi existencia hacia un mar callado y quieto. Por fin, cansado de mirar nimiedades, decidí ir a mi lecho. No tenía ni la más mínima idea de que aquella noche sería la más larga de mi vida, de que nadaría durante un mes entre lagos oníricos donde rosotros incandescentes se avistarían como puntas de icebergs, donde subiría por escaleras infinitas, sin barrotes y oscuras, donde vería a mi amada fiel y bella recostada sobre mi pecho Suspira de esa forma, querida Dama, donde sería un poeta loco y suicida, donde el néctar de los dioses del Olimpo y la hierba sagrada de las deidades de los Incas serían la prueba más irrefutable de que el amor (y con e el miedo y la ansiedad) por fin me tocaría en todo su esplendor.
Como le decía, esas palabras fueron el inicio de sentir pues M. (a los que no entienden disculpas de antemano. Con M. hago referencia a M., mi amada) empezó a sumergirse en mis pesadillas, para hacer parte de todos esos lugares que sueño constantemente y que por esa razón los adjudico ya a mi realidad. Ahora, se preguntaran como vi la agitación de mi cuerpo siendo que uno mismo no se puede ver corporalmente. Yo tampoco lo se y me lo pregunto tanto que me enredo más. Pero vagamente le atribuyo a eso una especie de desdoblamiento que tuvo lugar en los momentos en mis brazos, mi cabez y mis piernas se contorneaban violentamente. Era como un escape que mi alma se obligaba a tener que hacer, quizá por el miedo a ser carbonizada por la pasión tan desgarradora que me cubría en algunos instantes. Solo se eso y ya no daré más explicaciones del hecho aún cuando quedo insatisfecho. Si siguen incrédulos pues tendrán que inventar alguna razón o bienl, estudiar alguna teoría neuronal. De esas hay muchas.
Después de que leí su mensaje que me había entregado un ser de rostro negro (casi como yo), mi corazón palpito anormalemente: era rápido, pero a los pocos segundos se paraba y solo volvía en si cuando releía la carta. Veía como de nuevo se perdía en la bruma y como yo iba chapoteando entre charcos negros para alcanzarla e indagarle su identidad, pero yo era lento y ella en cambio caminaba apresurada, como si tuviera que volver a un monasterio o convento. Todo ese tiempo (tiempo recóndito y eclipsado por la locura e irracionalidad de ese mundo) estuve esperándola. Recuerdo que bajaba por largas escaleras, que abría puertas de lugares donde había vivido, que caminaba bajo la lluvia y de repente un lago enorme me tragaba. Se que estuve quieto pero también se que caí de un edificio y de que un avión enorme me arrolló. Me encontraba de nuevo en la puerta de una casa gigante y ahí fue cuando llegó el hombre de rostro negro. Me dio una carta enorme, pesada, larga, que tuve que llevar en una carretilla a un jardín cercano. donde el olor a manzanilla impregnaba todos los rincones (¡no había rincones!) y todos los demás arbustos. La abrí lentamente, con las manos humedas y llenas de sangre. Terroríficamente me empecé a dar cuenta como me estaba cubriendo de sangre, de mi propia sangre lo más terrorífico era que la sangre no manchaba el papel. Así que sin pensarlo dos veces comencé a leer la carta. Fue algo precioso, algo que sabría describir porque tristemente ese don de la escritura no me fue dado, ni siquiera en los sueños. Soñe que era un poeta (sueño entre sueños) y le escribí algunas palabras, símbolos raros sobre hojas quebradizas, rotas. Sellé aquello con una hoja de un árbol de eucalipto y luego se lo di al cartero, que extrañamente siempre miraba al suelo.
-¿Quien eres? - me atrevi a preguntar.
-Soy tu siervo, señor. Vuestro siervo.
-¿Vuestro siervo? - pregunté estupidamente.
-De la Señora y de vos.
y se fue. No lo vi durante algunos días, tiempo en el que empecé a tomar un aspecto como de uva pasa, arrugado y más negro. Me limitaba a caminar encontrándome seguidamente con mis compañeros de colegio en situaciones extrañas, en lugares que yo conocía pero que al mismo tiempo desconocía, sintiéndome extraviado, como en una selva de recuerdos, humeda y perversa. De un momento a otro escuché su voz:
-¿Juan Miguel?
-M., ¿eres tu? - grité, notando como mi voz era irreconocible.
-Si, soy yo. ¿Duermes?
-No lo se. Tal vez, pero se que no.
-¿Cómo lo sabes?
No lo sabía. Ni siquiera sabía donde estaba y asi poco a poco me quedé mudo. Vi como mis dientes se desprendían y como mi lengua se iba enrollando tercamente a través de mi garganta. Traigo a la memoria aquel instante en que toda la gente que me acompañaba corría en desbandada dejando solo sombras que se reflejaban en el espejo negro que componía la tierra. mostrando un aspecto siniestro. demonios ciegos y ebrios.
Pensé tal vez que nunca me había llamado, porque como saber si aquella voz fuerte y dulce era de ella, y si era de ella, que motivaba a tener la ilusión de que no me estaba confundiendo. En esas estaba cuando pasó un tren viejo y ya destartalado. No llevaba pasajeros, solo se veían maniquíes asomados a la ventana mostrando una mueca de un encanto extraño aunque bien se notaba que aquello era solamente el resultado de la mano de alguien, que los había dispuesto de tal forma, para tentar a los que se amontanaban en la orilla de la carrilera. El maquinista (que parecía real) se desmontó y me mostró su largo rostro, cual hoja de árbol de antaño. Era de estatura baja, sus bigotes adornaban los dos centímetros de su boca, poseía un solo ojo y los brazos caían de forma desproporcionada a lado, lado y lado (¡tres brazos!) de su delgado cuerpo. Entre todo ese montón de gente tenía que ser el elegido, pues con cautela se dirigió hacia el lugar donde me había parqueado y metiendo la mano en uno de sus bosillos sacó una piedrecilla que me entregó.
-Es de parte de la Señora M.
La cogí y leí dos símbolos que se inscribían en el centro de la roca:"Soy yo". El maquinista se devolvió hacia uno de los vagones y desde allí me guiñó el ojo y en seguida arrancó. Todo el mundo se fue y quedé de nuevo mudo, observando los rieles que eran de un color perlado traslúcido que dejaba entrever unas pequeñas laminillas doradas salpicadas de fino polvo blanco.
Me pusé en camino hacia la puerta de la casa gigante donde siempre me esperaba el cartero anónimo . Pero en esa oscuridad tan densa tomé un camino equivocado y cuando me di cuenta ya era demasiado tarde.
Monday, January 25, 2010
Thursday, January 21, 2010
Una cuota del préstamo I
Gabriel Gómez, desempleado, auxiliar contable, tímido, noble, humilde y trabajador. No tiene dotes de empresario, pero aún así es responsable con lo que hace. Tiene sueños y muchos contradiciendo a aquellos que dicen que los únicos que tienen sueños son los empresarios y los generadores de una idea o negocio. Es la falacia más grande que se puedan haber inventado los cazadores de "exitosos".
Enrique Martínez, vecino de Gabriel, en realidad vecino solo porque es dueño del apartamento que queda al lado del que Gabriel toma en arriendo con la señora Hernández. Ese apartamento, el de Enrique, es uno de los quince apartamentos que tiene en arriendo, aunque podría sumarse también en el que el vive, pues paradójicamente no es del él, dice que es mucho más rentable tomar en arriendo un apartamento que comprar uno, y que ojalá ese apartamento no sea en un sector tan costoso, algo como de estrato cinco, para que los servicios llegan económicos.
Gabriel está desempleado desde hace poco más de seis meses, trabajaba en la misma empresa en donde labora Enrique, no lo vio jamás allí pues él, desde las 7 de la mañana que llegaba a la ofcina hasta las 6 de la tarde que salía, vivía entre torres de papeles y facturas que debía mecanografiar en el teclado del computador. Ya era un experto haciendo aquello, tenía contabilizado cuanto demoraba pasando una factura formato 385, que eran el 90 por ciento de sus trabajo, y los recibos 418,521 y 568 que eran el otro 10 por ciento.
Enrique es un Gerente de Proyectos, tiene 35 años, es guapo, usa perfume Hug Boss en especial Element y Dark Blue, pero a veces le gusta bañarse con la Paco Rabanne Black XS . Sus zapatos son semipuntudos, última tendencia, traídos directamente de Italia, Roma. Vestido y corbata Luigi y mancornas Mont Blanc. Impecable, huele extremadamente bien, llama tanto la atención que alguna vez un cliente,mujer, dueña de una empresa de diseño, le propuso que hiciera parte de los modelos de la última colección que ella había lanzado. Se negó en esa ocasión, aduciendo timidez, cuando en realidad su egocentrismo lo obligaba a negarse, para que pareciera humilde, sencillo, estrategia ésta que había aprendido de Sofía. En la noche del día de la propuesta ya tenía a la diseñadora de piernas abiertas en el Hotel Ático de Usaquén.
Enrique Martínez, vecino de Gabriel, en realidad vecino solo porque es dueño del apartamento que queda al lado del que Gabriel toma en arriendo con la señora Hernández. Ese apartamento, el de Enrique, es uno de los quince apartamentos que tiene en arriendo, aunque podría sumarse también en el que el vive, pues paradójicamente no es del él, dice que es mucho más rentable tomar en arriendo un apartamento que comprar uno, y que ojalá ese apartamento no sea en un sector tan costoso, algo como de estrato cinco, para que los servicios llegan económicos.
Gabriel está desempleado desde hace poco más de seis meses, trabajaba en la misma empresa en donde labora Enrique, no lo vio jamás allí pues él, desde las 7 de la mañana que llegaba a la ofcina hasta las 6 de la tarde que salía, vivía entre torres de papeles y facturas que debía mecanografiar en el teclado del computador. Ya era un experto haciendo aquello, tenía contabilizado cuanto demoraba pasando una factura formato 385, que eran el 90 por ciento de sus trabajo, y los recibos 418,521 y 568 que eran el otro 10 por ciento.
Enrique es un Gerente de Proyectos, tiene 35 años, es guapo, usa perfume Hug Boss en especial Element y Dark Blue, pero a veces le gusta bañarse con la Paco Rabanne Black XS . Sus zapatos son semipuntudos, última tendencia, traídos directamente de Italia, Roma. Vestido y corbata Luigi y mancornas Mont Blanc. Impecable, huele extremadamente bien, llama tanto la atención que alguna vez un cliente,mujer, dueña de una empresa de diseño, le propuso que hiciera parte de los modelos de la última colección que ella había lanzado. Se negó en esa ocasión, aduciendo timidez, cuando en realidad su egocentrismo lo obligaba a negarse, para que pareciera humilde, sencillo, estrategia ésta que había aprendido de Sofía. En la noche del día de la propuesta ya tenía a la diseñadora de piernas abiertas en el Hotel Ático de Usaquén.
Wednesday, January 20, 2010
20-01-2010
Esta espera se vuelve tan angustiosa y larga como la del Coronel, esperando algunas letras, buscando por cualquier sitio, pero con la poca fortuna de encontrarlo. ¿que esperanza se puede tener cuando ya ella ha desistido de buscarme?
Wednesday, January 13, 2010
49 I
Recuerdo esa noche perfectamente, como pocas de esas en las que llegaba tarde a mi preciado sitio, casi de madrugada. Había salido de una tertulia a las que solía asistir una vez cada dos semanas, allí tomé algunas cervezas que complementé con tres tragos de tequila. Todo estaba tranquilo, en un ambiente relajado, intelectual, interesante diríase, la compañía era buena, los hablantes excelentes y el licor ya iniciaba su efecto. Fumé algunos cigarrilos y luego salimos como a eso de las 10 u 11 de la noche, no sin antes cortejar frente al dueño de la librería a su propia esposa, casi 20 años mayor que yo, pero que por su escote parecía que tuviera un par de tetas de adolescente de 18.
Los demás se iban a sus respectivas casas pues al otro día había que trabajar, cosa que para mi no era preocupación pues ya llevaba algo así como 4 meses desempleado. Pero cuando vieron mis intenciones estúpidas de seguir caminando por las calles oscuras de la macarena, me empujaron a la fuerza dentro de un taxi, junto a ellos. Allí nos vaciamos los úlitmos tragos de cerveza antes de que yo les dijera que me dejaran a unas cuantas cuadras de mi casa. "No pasa nada, estoy cerca". Me creyeron. Apenas se alejaron le saqué la mano a un taxi y sin pensarlo le dije, "A la 49 con 13 por favor". Se me hizo que el chofer me guiñó el ojo por el retrovisor y asi lo confirmé luego pues cuando le dije que solo tenia nueve mil pesos apagó el taxímetro y me dijo, no hay problema, con una sonrisita socarrona.
Llegamos en diez minutos, diez minutos cortos, teniendo en cuenta que iba demasiado excitado y alegre de poder volver a mis antiguos aposentos. Pagué, me bajé e inmediátamente me abordaron dos meseros. Estaban impecables, con sus trajes negros, de corte clásico, corbata oscura sobre la camisa blanca y zapatos negros bien lustrados. "Me pueden llamar a Aldemar por favor". Se resistían a mi pedido, me decían que ellos eran Aldemar, que me tenían una mesa muy comoda y privada y unas niñas envidiables. Todo era la propina. Aldemar llegó, me sonrió ampliamente, como dos viejos amigos, y con sus dos brazos despejó el camino de los imprudentes meseros tras lo cual me abrazó y me invitó a seguir a la zona exclusiva, una zona que yo ya conocía muy bien, pues él casi desde la segunda vez que fui, me ofreció de manera sencilla.
-A quién buscas en especial. ¿Samanta?
Samanta, una chica alta, de grandes senos y unas caderas inmensas, pelo liso negro hasta la cintura, rostro hermoso, de muñeca, de labios estridentes, ojos negros glotones, incitadores, fue la primera mujer que conocí allí. Esa noche también conocí a Aldemar y aunque no me invitó a la zona exlusiva si me llevó al segundo piso que estaba semivacío, y que gracias a mi generosa propina, complementó presentándome sendas mujeres, primero rubias y luego pelinegras, entre quienes estaba Samanta.
-No, hoy no. No se, llévame allí y ahí miramos -. Sonrió, ampliamente como siempre y seguimos en rumbo hacia el sótano, donde estaba la zona exclusiva, La Fonda.
Los demás se iban a sus respectivas casas pues al otro día había que trabajar, cosa que para mi no era preocupación pues ya llevaba algo así como 4 meses desempleado. Pero cuando vieron mis intenciones estúpidas de seguir caminando por las calles oscuras de la macarena, me empujaron a la fuerza dentro de un taxi, junto a ellos. Allí nos vaciamos los úlitmos tragos de cerveza antes de que yo les dijera que me dejaran a unas cuantas cuadras de mi casa. "No pasa nada, estoy cerca". Me creyeron. Apenas se alejaron le saqué la mano a un taxi y sin pensarlo le dije, "A la 49 con 13 por favor". Se me hizo que el chofer me guiñó el ojo por el retrovisor y asi lo confirmé luego pues cuando le dije que solo tenia nueve mil pesos apagó el taxímetro y me dijo, no hay problema, con una sonrisita socarrona.
Llegamos en diez minutos, diez minutos cortos, teniendo en cuenta que iba demasiado excitado y alegre de poder volver a mis antiguos aposentos. Pagué, me bajé e inmediátamente me abordaron dos meseros. Estaban impecables, con sus trajes negros, de corte clásico, corbata oscura sobre la camisa blanca y zapatos negros bien lustrados. "Me pueden llamar a Aldemar por favor". Se resistían a mi pedido, me decían que ellos eran Aldemar, que me tenían una mesa muy comoda y privada y unas niñas envidiables. Todo era la propina. Aldemar llegó, me sonrió ampliamente, como dos viejos amigos, y con sus dos brazos despejó el camino de los imprudentes meseros tras lo cual me abrazó y me invitó a seguir a la zona exclusiva, una zona que yo ya conocía muy bien, pues él casi desde la segunda vez que fui, me ofreció de manera sencilla.
-A quién buscas en especial. ¿Samanta?
Samanta, una chica alta, de grandes senos y unas caderas inmensas, pelo liso negro hasta la cintura, rostro hermoso, de muñeca, de labios estridentes, ojos negros glotones, incitadores, fue la primera mujer que conocí allí. Esa noche también conocí a Aldemar y aunque no me invitó a la zona exlusiva si me llevó al segundo piso que estaba semivacío, y que gracias a mi generosa propina, complementó presentándome sendas mujeres, primero rubias y luego pelinegras, entre quienes estaba Samanta.
-No, hoy no. No se, llévame allí y ahí miramos -. Sonrió, ampliamente como siempre y seguimos en rumbo hacia el sótano, donde estaba la zona exclusiva, La Fonda.
En el océano de las desesperanzas
A veces las cartas parecen ser lanzadas como botellas al océano, con mensajes que el agua que se filtra borra, haciendo que su redacción tan sufrida y llena de esperanzas se convierta en una nada, en un papel manchado, y en ese orden, una acción que pierde todo su buen sentido.
Maldita Literatura
Literatura maldita, como una droga, como un vicio, me has aislado, ya no soy nadie, soy tan transparente como los que meten coca, gancha y heroina, estoy solo en esta sórdida vida, enganchado a mundos que no existem, enamorado de mujeres que son solo letras y palabras en ciudades invisibles, un estorbo en esta sociedad práctica.
Y como un vicio es imposible dejarte, como te odio pero te necesito, como transformaste un chico promisorio en un ser problemático, errabundo, sin sueños realizables, sin futuro, quejumbroso y pesimista.
Así como aquel que quería convertirse en alcohol yo querría convertirme en palabras, en uno de ellos que viera a Alejandra mirando desde su balcón o quizá ese otro que se confundiera entre las ramas del bosque. Pero no es así, tengo que vivir arrastrado en las calles del cartucho de los libros, arropado no por papel periódico sino por nombres de autores muertos y épocas lejanas e inalcanzables.
Y como un vicio es imposible dejarte, como te odio pero te necesito, como transformaste un chico promisorio en un ser problemático, errabundo, sin sueños realizables, sin futuro, quejumbroso y pesimista.
Así como aquel que quería convertirse en alcohol yo querría convertirme en palabras, en uno de ellos que viera a Alejandra mirando desde su balcón o quizá ese otro que se confundiera entre las ramas del bosque. Pero no es así, tengo que vivir arrastrado en las calles del cartucho de los libros, arropado no por papel periódico sino por nombres de autores muertos y épocas lejanas e inalcanzables.
Monday, December 28, 2009
Sunday, December 27, 2009
Envidia
Demonios, el miserable de Antonio ya tiene auto, ultímo modelo, y apartamento nuevo. Además un buen sueldo y un trabajo que le sirve para viajar a menudo. ¿Y Carlos? peor, con su maestría y sus proyectos investigativos que publican cada nada en revistas y suplementos. Hernando que vive en otro país y estudia es una de las mejores univesidades de Paris, Gerardo que tiene una esposa divina y una casita de recreo a las afueras de la ciudad, Jaime que siendo abogado ya publicó libro con Alfaguara, José Roberto que tiene una cantidad de amigos impresionantes y una especialización en Gerencia de Proyectos, Miguel que anda ahora promocionando su gira de conciertos de piano junto a la sinfónica, Pedro que heredó la empresa de su papá y ahora se codea con los peces gordos de la petroleras y, ¿cómo era que se llamaba ese cara de tonto retardado?, ah claro, Felipe Pinzón, procurador delegado del Valle y próximo candidato de la gobernación.
Yo me había salvado, mi trabajo de periodista no lo envidiaba nadie, menos Marcos, así que no hacía parte de la lista de odio que él había formado en su cabeza y que, por sus palabras tan cargadas de malignidad, no era sino el comienzo de un proyecto abominable.
Yo me había salvado, mi trabajo de periodista no lo envidiaba nadie, menos Marcos, así que no hacía parte de la lista de odio que él había formado en su cabeza y que, por sus palabras tan cargadas de malignidad, no era sino el comienzo de un proyecto abominable.
Saturday, December 19, 2009
La ciénaga
Los rayos de luz poco a poco fueron apareciendo sobre las montañas que la noche anterior solo imaginaba que estaban allí, pero que por la oscuridad reinante era imposible ver. Era una luz tenue, y solo aquello, claridad, pues no irradiaba nada de calor y parecía lo contrario, que por donde sus haces pasaban el frío se sentía más fuerte que en la sombra, como si en una noche todo hubiera cambiado de sitio y sentido.
Me levanté poco a poco del suelo, intentando recordar algo de la noche anterior, del día anterior, que pareciese hubiese sido toda una eternidad, pero un velo rojizo cubría cada visión que medio lograba remerorar, similar a un sueño, que cuando lo recordadmos está enredado en un entramado gris, casi negro. El cielo tenía un tono extraño, de ningún color definido, el sol no se asomaba por ningún lado,pero extrañamente tampoco se veía nube alguna, era algo así como el color de los terruños que se veían en los desiertos del sur, donde la aridez es tan seca que no necesita de un sol, ella por si sola expele un calor abrazador, como tierra del mismísimo infierno.
Subí entonces a una especie de colina que se veia a unos 200 metros hacia el oriente, desde esa distancia el verdor se observaba como un oasis en medio de esta tierra pantanosa, espesa y sucia. Pero cada paso era una agonia, el agua corrompida pesaba enormemente y algas asquerosas de color gris y violeta, con brazos largos y lleno de pequeñas espinitas se pegaba a las piernas, como si de ellas surgieran manos que quisieran evitar su paso. Y la distancia era enorme, metros y metros de aguas estancadas, que expulsaban gases transparentes, malolientes y grasosos, extrañamente grasosos.
Escuchando Comfortably Numb by Pink Floyd
Me levanté poco a poco del suelo, intentando recordar algo de la noche anterior, del día anterior, que pareciese hubiese sido toda una eternidad, pero un velo rojizo cubría cada visión que medio lograba remerorar, similar a un sueño, que cuando lo recordadmos está enredado en un entramado gris, casi negro. El cielo tenía un tono extraño, de ningún color definido, el sol no se asomaba por ningún lado,pero extrañamente tampoco se veía nube alguna, era algo así como el color de los terruños que se veían en los desiertos del sur, donde la aridez es tan seca que no necesita de un sol, ella por si sola expele un calor abrazador, como tierra del mismísimo infierno.
Subí entonces a una especie de colina que se veia a unos 200 metros hacia el oriente, desde esa distancia el verdor se observaba como un oasis en medio de esta tierra pantanosa, espesa y sucia. Pero cada paso era una agonia, el agua corrompida pesaba enormemente y algas asquerosas de color gris y violeta, con brazos largos y lleno de pequeñas espinitas se pegaba a las piernas, como si de ellas surgieran manos que quisieran evitar su paso. Y la distancia era enorme, metros y metros de aguas estancadas, que expulsaban gases transparentes, malolientes y grasosos, extrañamente grasosos.
Escuchando Comfortably Numb by Pink Floyd
Friday, December 18, 2009
El comienzo
Ningún cuerpo con vida, todo desterrado, todo pulverizado. Rasgué lo poco que quedaba de mi camisa y me vendé el antebrazo izquierdo, sangraba vorazmente, mientras sentía caliente esa parte de mi cuerpo el resto se iba enfriando poco a poco, mis piernas endebles pareciese que fueran a partirse con cada paso que intentaba dar y la noche caía tan negra que era imposible atinar cualquier movimiento. Ni mi peor pesadilla, ni la peor historia que me contaba mi abuelo se acercaban a la sensación tan terrible que abrumaba mis pensamientos en esos crueles momentos. Lo único que alcanzaba a ver o tal vez lo que estaba alucinando, eran siluetas de viejos robles, allá en lo alto, desde donde habíamos venido, cuando la luz aún era algo común.
Anotaciones sobre Maupassant I
Algunas apuntes del prólogo de Juan - Francisco Torres en la edición de Bola de Sebo Y Bel Ami de editorial Credsa
"Pero el nuevo Don Juan, en realidad, en el fondo de su alma, siente así: < < La única mujer que quiero verdaderamente... es la Desconocida que obsesiona mi imaginación, la que estará colmada de todas las perfecciones, la que, hasta hoy, aún no he encontrado. Será profundamente sensual, sin llegar a perder el dominio de sí misma: una coqueta con un alma > >. En el curso de su corta vida Maupassant no encontrará nunca a esta Princesa Lejana..."
"En enero de 1881, Maupassant escribe a su madre: < < Siento más frío de la soledad de la vida que de la soledad de la casa...> > Para huir de este sentimiento Maupassant se sumerge en una vida de farsa que disimula algo más grave. A veces se adivinan locuras de grandeza, manías persecutorias, crueldad sádica, es decir, todas las tendencias que van a condicirle a su Desconocida. En el brillante mujeriego nadie se imaginaba un hombre perseguido por la tristeza y las sombras..."
"Pero el nuevo Don Juan, en realidad, en el fondo de su alma, siente así: < < La única mujer que quiero verdaderamente... es la Desconocida que obsesiona mi imaginación, la que estará colmada de todas las perfecciones, la que, hasta hoy, aún no he encontrado. Será profundamente sensual, sin llegar a perder el dominio de sí misma: una coqueta con un alma > >. En el curso de su corta vida Maupassant no encontrará nunca a esta Princesa Lejana..."
"En enero de 1881, Maupassant escribe a su madre: < < Siento más frío de la soledad de la vida que de la soledad de la casa...> > Para huir de este sentimiento Maupassant se sumerge en una vida de farsa que disimula algo más grave. A veces se adivinan locuras de grandeza, manías persecutorias, crueldad sádica, es decir, todas las tendencias que van a condicirle a su Desconocida. En el brillante mujeriego nadie se imaginaba un hombre perseguido por la tristeza y las sombras..."
Wednesday, November 25, 2009
Draco...again
Sin palabras...solo una extraña sensación de pasado, presente y futuro mezclado en una sola sustancia viscosa.
Friday, November 20, 2009
El viento a favor
Ojalá se cumpliera esto que dice Bunbury en esta canción, pues realmente estoy encallado, sin una pizca de voluntad, sin viento, sin un soplido cerca a mi oido, sin nada, como si cada órgano de mi cuerpo se hubiera quedado quieto, congelado. Y llevo varios años así, con proyectos repentinos, con euforias que no se concretan pues apenas iniciando ya estoy exhausto, sin ganas, con la mente desenfocada, con las baterías desgastadas, desconcentrado...que cosas tan mala, pues muchas de mis energías y de mi pequeña voluntad se han ido a desbarrancaderos profundos, de los que ya no vale la pena rescatarlos...
Saturday, November 14, 2009
Intento 3 ( I )
Vivo solo, a solo me refiero sin compañía humana, pues dos gatos comparten mi vivienda. Una pareja de gatos exactamente, Excalibur y Maria Antonieta. Sus edades son similares a las mías, en años humanos alrededor de 35. Vivo con ellos en una casa pequeña de una sola planta, esquinera, blanca en su fachada, un pequeño jardín que aún no muere y cortinas corredizas que realmente nunca se mueven de su sitio. No soy deforme, ni tampoco un monstruo, por lo menos a lo que se refiere físicamente siempre fui admirado por las mujeres, aproveché todos estos dotes con muchas de ellas, algunas las dejé embarazadas, otras no, algunas me querían, otras me amaban, casi ninguna me odiaba aunque lo dijeran a menudo.
***
- ¿Esteban Rodíguez me pregunta usted? -. Hace mucho no lo veo, tal vez unos cinco años, la última vez que lo visité en su casa blanca. Esa vez estaba alegre, pero no se confunda, no era una alegría como la suya o la mía, era una alegría diferente, similar a la neutralidad de todos, aunque no del todo así. Era extraña, ahora no se me ocurre una idea concreta para describírselo. Como le decía, estaba alegre, me ofreció galletas con café y charlamos un poco acerca de nuestros años universitarios, de las mujeres que se había llevado a la cama - que por cierto, fueron muchas -, de lo que estaba haciendo ahora, de sus ideas sobre ese tema que nunca he comprendido, de lo que yo estaba haciendo, que realmente no le llamaba mucho la atención y de otra cantidad de cosas que ahora no recuerdo muy bien. Pensé que seguiría viéndolo sguido, le dejé mi número de teléfono y prometió llamarme tan pronto tuviera un poco de tiempo. Después de 5 años no lo ha hecho.
- Yo lo ví hace menos tiempo que Gabriel, en su cumpleaños, él nunca lo recordaba, pero yo si que si, no lo olvidaba y ese año venía haciendo los preparativos desde hacía varios días. Caía un jueves, lo recuerdo bien, le marqué a su número temprano en la mañana y cuando ya pensé que no iba a contestar levantó el auricular sin gesticular ninguna palabra. "¿Esteban?", "Si, quién habla?", "Sofía, me recuerdas", se quedó de nuevo en silencio. "¿No me recuerdas osito?", "Claro que sí, no he olvidado nada, al contrario". Volvió el silencio, Esteban tenía una voz fría, había perdido ese calor tan natural que lo caracterizaba, con la que a veces me arrullaba mientras yo me dormía en sus brazos luego de hacer el amor. No sabía que decirle, ese tono tan gélido me dejó muda, entre triste y decepcionada. "Amor, sabes que nunca he olvidado tu cumpleaños y quiero pasar este día contigo, para celebrarlo, te compré una torta y una sorpresita que se que te gustará", "Yo tampoco he olvidado que nunca lo olvidabas", "Crees que pueda pasar antes del almuerzo, podemos pedir algo a domicilio o si prefieres yo llevo algo, ¿que te parece? rico, ¿cierto?". Extrañaba al Esteban de antes, aquel hombre alegre, dinámico, coqueto, simpático, el que formaba el ambiente de cualquier rumba, el que con una señal de sus bellos ojos marcaba a cualquier nena. "Puedes venir, solo tú", me dijo eso último y colgó.
***
- ¿Esteban Rodíguez me pregunta usted? -. Hace mucho no lo veo, tal vez unos cinco años, la última vez que lo visité en su casa blanca. Esa vez estaba alegre, pero no se confunda, no era una alegría como la suya o la mía, era una alegría diferente, similar a la neutralidad de todos, aunque no del todo así. Era extraña, ahora no se me ocurre una idea concreta para describírselo. Como le decía, estaba alegre, me ofreció galletas con café y charlamos un poco acerca de nuestros años universitarios, de las mujeres que se había llevado a la cama - que por cierto, fueron muchas -, de lo que estaba haciendo ahora, de sus ideas sobre ese tema que nunca he comprendido, de lo que yo estaba haciendo, que realmente no le llamaba mucho la atención y de otra cantidad de cosas que ahora no recuerdo muy bien. Pensé que seguiría viéndolo sguido, le dejé mi número de teléfono y prometió llamarme tan pronto tuviera un poco de tiempo. Después de 5 años no lo ha hecho.
- Yo lo ví hace menos tiempo que Gabriel, en su cumpleaños, él nunca lo recordaba, pero yo si que si, no lo olvidaba y ese año venía haciendo los preparativos desde hacía varios días. Caía un jueves, lo recuerdo bien, le marqué a su número temprano en la mañana y cuando ya pensé que no iba a contestar levantó el auricular sin gesticular ninguna palabra. "¿Esteban?", "Si, quién habla?", "Sofía, me recuerdas", se quedó de nuevo en silencio. "¿No me recuerdas osito?", "Claro que sí, no he olvidado nada, al contrario". Volvió el silencio, Esteban tenía una voz fría, había perdido ese calor tan natural que lo caracterizaba, con la que a veces me arrullaba mientras yo me dormía en sus brazos luego de hacer el amor. No sabía que decirle, ese tono tan gélido me dejó muda, entre triste y decepcionada. "Amor, sabes que nunca he olvidado tu cumpleaños y quiero pasar este día contigo, para celebrarlo, te compré una torta y una sorpresita que se que te gustará", "Yo tampoco he olvidado que nunca lo olvidabas", "Crees que pueda pasar antes del almuerzo, podemos pedir algo a domicilio o si prefieres yo llevo algo, ¿que te parece? rico, ¿cierto?". Extrañaba al Esteban de antes, aquel hombre alegre, dinámico, coqueto, simpático, el que formaba el ambiente de cualquier rumba, el que con una señal de sus bellos ojos marcaba a cualquier nena. "Puedes venir, solo tú", me dijo eso último y colgó.
Friday, November 13, 2009
Intento 2 ( I )
Debo admitir que la primera vez que lo vi me pareció atractivo. Tenía el pelo corto, ondulado, no cabía duda, sus patillas eran largas, su piel blancuzca y sus ojos alargados, alegres. Su boca era grande, perfecta para su rostro que aunque ya tenía algunas arrugas, no dejaba de ser terso, liso. No llevaba un pelo más allá del de arriba, se veía fresco, como si estuviera recién bañado, su loción era discreta, deliciosa, nada extravagante ni tampoco común. De los catorce hombres que han besado mi sexo, ninguno olía como él, como él esa noche. Pidió un martini, su amigo una cerveza rubia, se sentaron en la barra al frente mío. El amigo era greñudo, con ojeras pronunciadas y no olía a nada, era simple, aunque tenia algunos rasgos que recordaban algo, como vestigios de una belleza anterior, como ruinas de palacios. Gracioso en todo caso, no eran muy acordes, ni sus ropas, ni su rostro, ni su presencia.
A las tres horas se largaron, se veían alegres y no a causa del licor, solo habían tomado un par de tragos cada uno, y antes de llegar no se veían borrachos, ni nada por el estilo. Me dejaron una buena propina, creo que la mejor que había recibido hasta ese día, desde hace más de tres años que trabajo en ese bar. Ya empezaba a extrañarlo tan pronto traspasó la puerta, ya la noche se tornaba aburrida, ya empezaba a vislumbrar el tedio de la llegada a mi casa, del día siguente y de los siguientes días. Y así pasó, no lo volví a ver, esperándolo cada noche arreglada de la mejor manera, con ropa nueva, con maquillaje diferente, insinuante, perfumada de manera tan diferente a como había sido ese día que todos en el bar me miraban raro, con morbo, y otras veces con burla, y otras con curiosidad.
Pero luego todo se acabó, luego cuando pasaron tres meses, me aburrí, me deprimí tremendamente, me enfermé, el poco sentido de mi vida se había agotado esa noche, mis pequeñas esperanzas se habían diluido en sus martinis, mi perfume se había confundido en su loción y nunca más volvieron, como una tonta telenovela, eso pasó esa noche, yo que tanto desprecié esa cursilería, que me casé por casarme,que tenía sexo por placer, con quien fuera y quien pareciera me fuera casi a reventar. Ni un poema había pasado en los últimos años, todo este tiempo había sido como un insulso resumen, con argumentos copiados y fusilados, con frases mal dichas, con abúlicas conquistas. Todo muy práctico, al estilo de los ejecutivos que rondaban la barra que atendía todos los días que abría el bar.
Estaba realmente destrozada, me la pasaba escuchando esa canción que dice "Sol de mi vida, fui un fracasao, y en mi caída, busqué dejarte a un lado, porque te quise tanto, que en mi...", nunca entendía la siguiente parte de la canción por más que parara bolas. Pero no importaba, seguía tarareando y fumando alguno de sus belmont, con total avidez, como su fuera el último del mundo.
escuchando Confesión por Bunbury y Calamaro
A las tres horas se largaron, se veían alegres y no a causa del licor, solo habían tomado un par de tragos cada uno, y antes de llegar no se veían borrachos, ni nada por el estilo. Me dejaron una buena propina, creo que la mejor que había recibido hasta ese día, desde hace más de tres años que trabajo en ese bar. Ya empezaba a extrañarlo tan pronto traspasó la puerta, ya la noche se tornaba aburrida, ya empezaba a vislumbrar el tedio de la llegada a mi casa, del día siguente y de los siguientes días. Y así pasó, no lo volví a ver, esperándolo cada noche arreglada de la mejor manera, con ropa nueva, con maquillaje diferente, insinuante, perfumada de manera tan diferente a como había sido ese día que todos en el bar me miraban raro, con morbo, y otras veces con burla, y otras con curiosidad.
Pero luego todo se acabó, luego cuando pasaron tres meses, me aburrí, me deprimí tremendamente, me enfermé, el poco sentido de mi vida se había agotado esa noche, mis pequeñas esperanzas se habían diluido en sus martinis, mi perfume se había confundido en su loción y nunca más volvieron, como una tonta telenovela, eso pasó esa noche, yo que tanto desprecié esa cursilería, que me casé por casarme,que tenía sexo por placer, con quien fuera y quien pareciera me fuera casi a reventar. Ni un poema había pasado en los últimos años, todo este tiempo había sido como un insulso resumen, con argumentos copiados y fusilados, con frases mal dichas, con abúlicas conquistas. Todo muy práctico, al estilo de los ejecutivos que rondaban la barra que atendía todos los días que abría el bar.
Estaba realmente destrozada, me la pasaba escuchando esa canción que dice "Sol de mi vida, fui un fracasao, y en mi caída, busqué dejarte a un lado, porque te quise tanto, que en mi...", nunca entendía la siguiente parte de la canción por más que parara bolas. Pero no importaba, seguía tarareando y fumando alguno de sus belmont, con total avidez, como su fuera el último del mundo.
escuchando Confesión por Bunbury y Calamaro
Tuesday, November 03, 2009
¿Llamado al activismo?
Dos buenas reflexiones; sencillas, concretas y directas.
nota: cabe anotar que son canciones que ya tienen muchos años de estar presentes...
nota: cabe anotar que son canciones que ya tienen muchos años de estar presentes...
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